Ante un año difícil para la industria, PEMEX ha sufrido una serie de eventos desafortunadas en este verano que la han puesto bajo la lupa.

Ante un año difícil para la industria petrolera, PEMEX ha sufrido un verano desafortunado que la ha puesto bajo la lupa.

La petrolera estatal mexicana, PEMEX, se ha visto plagada de situaciones complicadas que cerraron un verano desafortunado para la paraestatal. Esto ha puesto su historia ambiental, social y de gobernabilidad en duda ante un año difícil.

Primero, PEMEX sufrió un incendio inducido por gas que prendió las aguas del Golfo de México. Esto causó revuelo en las redes sociales y costó varias horas y mucho trabajo por parte de la paraestatal para apagarlo.

Para rematar, Moody’s, negocio de calificación crediticia, rebajó aún más sus bonos. Estos ya se encontraban tambaleantes y llegaron a un nivel muy bajo debido a la montaña de deuda con la que lucha la compañía. Esta es de aproximadamente 115 mil millones de dólares, la más alta de cualquier petrolera importante.

Para terminar de hundir a la compañía, PEMEX sufrió uno de los peores accidentes de plataformas marinas del año, que provocó cinco muertes además de reducir la producción en una cuarta parte.

PEMEX: Una plataforma tambaleante

Esta serie de eventos han puesto en duda a la compañía, que adicional a esto ha enfrentado demandas, multas y rechazo de los accionistas. Esto debido a que no se han movido lo suficientemente rápido para cumplir con los objetivos climáticos.

Debido a estas dudas en los inversionistas, PEMEX anunció que comenzará a informar sus emisiones de carbono equivalente en forma trimestral. Sin embargo, algunos de los que aportan recursos a la compañía no se muestran tan convencidos.

“Se necesitará más que una diapositiva de PowerPoint en su presentación trimestral para decir que están manejando los problemas de ESG”, dijo John Padilla, director gerente de la consultora de energía IPD Latin America.

Lo sucedido este verano más lo acumulado en los últimos años ha puesto a la empresa bajo una enorme presión. Para salir de este estatus, PEMEX tendrá que equilibrar demandas ambientales pero también deberá expandir su producción de combustibles fósiles para apoyar a la economía mexicana.

Por ello, PEMEX estaría entre la espada de los inversionistas que demandan respuestas y la pared tambaleante de producción nacional que cada vez se muestra menos sólida.

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