Bartlett, con tono amenazador, se dirigió al sector privado de la industria y les recalcó lo que sucedería de darse la aprobación de la reforma.
Por Miguel Castillo V

Con los puños en alto

Durante mucha parte de nuestras vidas, vivimos sin tener conocimiento de muchas cosas. A veces no conocemos datos, temas o cifras. Pero una cosa que solemos desconocer por completo son las cruentas realidades que enfrentan miles de personas alrededor del mundo.

Al ser ajenos a nuestro día a día, la realidad de algunos grupos étnicos o raciales en el mundo solo llega a nuestros oídos a través de lo que se dice en las noticias. Leemos los reportes, escuchamos los avances y sin embargo, la certeza de estos con la realidad no suele ser

Es entonces cuando las voces se alzan. Es cuando algunos luchadores sociales comienzan a expresar la realidad de grupos sociales que son reprimidos, violentados y comúnmente subyugados. Pero hay ocasiones en que las palabras no logran su efecto persuasivo o simplemente no son lo suficientemente amenazantes para los opresores

¿Que ocurre entonces cuando las palabras, los discursos y todos esos escritos no logran resonar ni hacer ver a las personas las atrocidades y los asesinatos? Si no es la voz y no se quiere hacer uso de las armas ¿que más se puede levantar?

Para responder a esta interrogante, hoy, colocaremos el retrovisor para mirar lo ocurrido un día como hoy pero de hace 53 años en el marco de los Juegos Olímpicos de 1968. Así pues miraremos más de cerca uno de los sucesos más importantes en la historia de la comunidad afroamericana en los deportes y analizaremos de cerca las repercusiones de tener los puños en alto.

El saludo del «Poder Negro»

Nadie creyó que la carrera de 200 metros planos en aquellos juegos olímpicos de 1968 sería recordada por algo que no fuera el nuevo récord mundial que había interpuesto Tommie Smith, de los Estados Unidos. Pero minutos después, el mundo ya no sería el mismo.

Al estar en el podio, acompañado del australiano Peter Norman y de su compañero John Carlos, quien habría ocupado el tercer lugar, los competidores norteamericanos levantaron los puños en señal de respeto y representación del orgullo negro.

Durante este momento, el himno de los Estados Unidos resonó en el lugar pero la atención estuvo en Smith y Carlos, quienes serían objeto de muchas críticas durante los siguientes días. Al bajar del podio, fueron abucheados, ante la poca comprensión del espectador promedio. Y entonces Smith dijo palabras, que aunque no harían eco ese día, lo harían por el resto de la historia.

«Si gano, soy americano, no afroamericano. Pero si hago algo malo, entonces se dice que soy un negro. Somos negros y estamos orgullosos de serlo. La América negra entenderá lo que hicimos esta noche»

Las secuelas de alzar el puño

Si bien ha sido múltiples veces comentado y analizado este suceso, pocas veces se ha hablado de lo que sucedió después de eso. Una de las más inmediatas fue la revista Time que colocó el logo olímpico de los cinco anillos pero con las palabras «Angrier, Nastier, Uglier» (Más furioso, más sucio, más feo) cambiando el clásico «Faster, Higher, Stronger» (Más rápido, más alto, más fuerte). Esto dejó en claro la tónica de la respuesta institucional del país norteamericano.

A ninguno de los dos atletas le fue muy bien los años después de haber realizo esto. Por una parte, Smith permaneció en el atletismo poco tiempo para luego llegar al fútbol americano. Pero su carrera no duró mucho, quizás marcado por el estigma que le crearon, y terminó como asistente de profesor de Educación Física en el Orbelin College. Afortunadamente, la comunidad internacional lo reconoció como Deportista del Milenio en 1999 y de ahí pudo recuperar un poco de su reputación y construyó una carrera como orador.

La situación de John Carlos fue parecida aunque con diferencias. Tuvo un poco más de éxito en el atletismo pues rompió el récord en los 100 metros al año siguiente. Luego también acabó en la NFL jugando para Filadelfia pero una lesión de rodilla acabó su tiempo en el fútbol americano. Años después pasó años duros con el suicido de su esposa y pocos años después entro en el comité de los Juegos Olímpicos de Los Ángeles en 1984. Después de eso, al igual que Smith, logró reivindicarse y el tiempo hizo justicia también con él.

La mirada por el retrovisor

Los deportes no suelen tomar tanto partido al hablar de historia. Normalmente se mencionan como datos curiosos o como apuntes al pie. Pero muchas veces, han sido una advertencia de futuras acciones o situaciones que eventualmente tomarían parte del futuro.

Así como el primer vistazo del saludo nazi y de su cultura en las olimpiadas de 1936, lo que sucedió ese 16 de octubre de 1968 marcaría para siempre la politización del deporte. A partir de esto, el uso de protestas políticas en el deporte se ha vuelto más común y rompió el silencio que muchos atletas viven contra su situación y la de miles otros. Esto dio pie a otro gran avance en el deporte pues los atletas comenzaron a aprovechar su imagen para hablar de temas importantes.

Hoy en día este gesto se ha retomado y ha sido el símbolo de diversas protestas de los miembros de la comunidad afroamericana en Estados Unidos. La historia se ha encargado de reivindicar los puños en alto y de dar a entender lo que significan.

Mientras sigan cometiéndome este tipo de atrocidades, los puños y la voz deben estar siempre en alto.

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