Murió el cardenal Angelo Sodano, controvertido y poderoso funcionario del Vaticano a quien se le señaló de ser un encubridor de Marcial Maciel
Fue un destacado miembro de la élita de la Iglesia Católica durante más de un cuarto de siglo; se le acusó de encubrir a uno de los abusadores sexuales más conocidos de la Iglesia Católica.
Falleció a los 94 años el viernes por la noche.
Sodano fue secretario de Estado del Papa Juan Pablo II y de Benedicto XVI, y ocupó el segundo puesto de la jerarquía vaticana durante 16 años, entre 1990 y 2006.
Se cree que Sodano, junto con el secretario de Juan Pablo II, el entonces arzobispo Stanislaw Dziwisz, fueron quienes dirigieron la Iglesia en los últimos años de la vida del Papa; mientras su salud se deterioraba por el Parkinson y otras enfermedades.
Carol Wojtila, el líder religioso polaco murió en 2005.
Encubrió a otros abusadores
Jason Berry, un destacado experto en la crisis de abusos sexuales de la Iglesia aseveró y describió en una serie de artículos publicados en el National Catholic Reporter en 2010 cómo Sodano impidió que el Vaticano investigara al padre Marcial Maciel, fundador de la orden religiosa de la Legión de Cristo.
Tras la muerte de Juan Pablo II, el Papa Benedicto XVI intensificó las investigaciones sobre Maciel y lo destituyó en 2006. El Vaticano reconoció que las acusaciones que había dejado de lado durante décadas eran ciertas.
Posteriormente, la Legión de Cristo reconoció que Maciel, quien falleció en 2008, llevaba una doble vida como pederasta, mujeriego y drogadicto. Sodano negó varias veces las acusaciones de que conocía la doble vida de Maciel y de que lo había encubierto.
Maciel, un conservador considerado un baluarte contra el liberalismo en la Iglesia, era conocido por sus generosas donaciones económicas al Vaticano.
En 2010, el cardenal Christoph Schoenborn de Viena acusó a Sodano de haber bloqueado una investigación del ex cardenal austriaco Hans Hermann Groer.
Groer dimitió como arzobispo de Viena en 1995 tras las acusaciones de que había abusado sexualmente de jóvenes seminaristas. Murió en 2003 sin admitir su culpabilidad ni enfrentarse a los cargos. Sodano también negó esas acusaciones.
En 2010, las víctimas de abusos sexuales por parte del clero condenaron a Sodano por decir en un discurso público de Pascua que los abusos eran en su mayoría “chismes insignificantes”.




