Como una auténtica amenaza para el repunte turístico en el país se presenta el máximo histórico de sargazo que arriba a las playas nacionales. Son millones de toneladas de algas marrones cuyo mal aspecto se ve todavía empeorado por los fétidos olores que emiten.
El espectáculo desalienta a los turistas, lo cual es preocupante ya que la recuperación de esta actividad parecía ir tomando curso luego de la dura temporada de la pandemia.
Los visitantes internacionales esperan encontrarse con playas de arenas limpias y aguas de tonalidades esmeraldas en el caribe. Sin embargo, no parece que vaya a ser así.
El sargazo da un tinte marrón a las aguas cristalinas de la costa del Caribe. Además emite un hedor similar a las aguas residuales cuando llega a las costas.
Esta plaga alcanzó un máximo mensual histórico en junio de 24.2 millones de toneladas frente a los 18.8 millones de mayo, según cifras de la Universidad del Sur de Florida.
Esta auténtica explosión en la generación de sargazo representa lo que se define como una “importante amenaza” para la recuperación del turismo pospandemia del país.
La amenaza es particularmente seria en el estado Quintana Roo, hogar de destinos frente al mar como Cancún, Tulum y Playa del Carmen.
El estallido de algas desafió los esfuerzos diarios de la Armada de México y de trabajadores locales que se apresuraron a sacarlo del agua y la arena.
Hay que estar conscientes de que el recale de sargazo no es un problema que se pueda solucionar, sino que constantemente se debe de atender. Principalmente en los meses de verano.
El PIB de México por turismo sufrió un golpe de un 25 por ciento en términos reales en 2020 debido a la pandemia. Lo anterior, a pesar de que el país nunca cerró sus fronteras. En 2021, sin embargo, el sector se recuperó casi a los niveles previos a la epidemia, pero la trayectoria ascendente está en peligro a menos que se controlen las algas.
Para desgracia de esta zona del país, desde 2011, las algas en la zona y en todo el Caribe se han disparado. Las razones los científicos aún no logran explicarlas por completo.
Investigadores advierten múltiples factores como: el cambio climático, presencia de aguas residuales humanas, la escorrentía agrícola y el polvo que sopla hacia el oeste desde el desierto del Sahara en África.




