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Rosa y el lastre del apellido Azcárraga

Por Autor Conocido

Rosa y el lastre del apellido Azcárraga 

Dos días después de la votación acalorada por el clima y en las redes sociales, con resultados esperados y reacciones inmediatas, al Partido Acción Nacional le cuesta digerir la nueva derrota en las urnas, el lugar definitivo del termómetro real del sentir ciudadano, que confirma si sus propuestas de gobierno son apoyadas o no. 

Más allá de la caída, la daga al corazón, al orgullo y a su fortaleza como fuerza política pudo tolerarla de cualquier rival o bajo otra circunstancia, pero esa puñalada al pecho propinada por el Movimiento de Regeneración Nacional es insoportable. Por ello, la aparición posterior al conteo final del PREP vino a cuentagotas. 

Uno fue Rosa González, la encomendada a retener un trienio más la administración pública de Tampico. No dedicó unos minutos a un vídeo como el maderense Carlos Fernández, tampoco un escrito como Yahleel Abdala dentro de su cerrada lucha en Nuevo Laredo, aunque a diferencia de Leticia Salazar en Matamoros y Miguel Gómez Orta en Altamira, sin asomarse ambos, habló. 

Limitada a agradecer las muestras de cariño de miles de personas quienes la acompañaron durante 45 días de proselitismo, la diputada federal con licencia no dijo más que eso, dar gracias. Sin otra palabra, omitió los resultados e incluso sin felicitar a la ganadora, la morenista Mónica Villarreal Anaya. Al menos fue congruente, no como Luis René Cantú y su “exitosa campaña” finalizada en una paliza en su contra. 

Los factores en su contra 

Lo sucedido tiene dos vertientes. Una es el poco trabajo hecho en tres años como política. La sociedad civil tampiqueña, muy selectiva cuando se trata de apoyar a uno de los suyos, nunca encontró en la ex directora de Deportes una identificación. Tampoco le compraron la oferta de ser del equipo de Chucho Nader, agigantado en cinco años, suficiente para ganarse el respaldo. Era una elección de personas y no de fórmulas. 

Lo segundo y no menos importante, de lo cual Rosa no tiene culpa, es cargar con el apellido Azcárraga. En muchos sectores populares lidió con la sombra de su tío, Fernando Azcárraga López. Apenas la gente le preguntó si había una parentela con el ex alcalde priista y vivió en carne propia el tremendo rechazo de Juan Pueblo, gracias a los malos tratos del dos veces edil y sus promesas incumplidas. 

Si la cosa quedaba así, el resultado pudo ser diferente, sin embargo, al polémico político se le ocurrió subirse a su campaña y en lugar de ayudar, estorbó. Fue la suma que restó. 

Por último, Tampico puede seguir bonito, solo es cuestión de unirse, dejar las diferencias, exigir y encontrar cómo sí hacer las cosas. 

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