A las críticas que ha recibido hasta el momento la ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos de París 2024 se han sumando algunas figuras de la extrema derecha francesa y la Iglesia Católica, quienes lamentaron la inclusión de «escenas de burla y mofa del cristianismo».
La Conferencia Episcopal francesa publicó un comunicado este sábado, en el que resalta los «momentos de belleza, de alegría, ricos en emociones y universalmente saludados» que la ceremonia le ofreció al «mundo entero». Sin embargo, lamentó «profundamente» que la ceremonia inaugural incluyera «escenas de burla y mofa del cristianismo».
Los obispos franceses recuerdan a «todos los cristianos de todos los continentes que se han sentido heridos por la desmesura y la provocación de ciertas escenas», y el mensaje que les quieren transmitir es que «la fiesta olímpica» debe estar «muy por encima de los prejuicios de algunos artistas».
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Resulta evidente que la Iglesia católica hace referencia a la parodia de la última cena de Jesucristo con sus apóstoles, titulada «Festividad», en la que los personajes fueron sustituidos por por drag-queens, una modelo trans y el cantante Philippe Katerine casi desnudo, con algunos atributos de Dionisos, el dios griego del vino y la fiesta.
La extrema derecha emitió críticas mucho más explícitas, directas y amplias no solo contra la ceremonia inaugural, sino también contra la propaganda de la ideología «woke» que, aseguran, promueve el presidente francés.
A través de su cuenta de X, antes Twitter, la eurodiputada Marion Maréchal criticó la totalidad de la ceremonia inaugural y arremetió contra las imágenes de la reina Maria Antonieta decapitada, los besos de tríos, las drags queens y «la humillación de la Guardia Republicana obligada a bailar con Aya Nakamura».
Por su parte, Marine Le Pen, líder de la extrema derecha, consideró que el presidente Macron humilló «al pueblo francés» al recurrir a Aya Nakamura.
A los reproches contra Macron se sumó la diputada Laure Lavallette, del partido de Le Pen, quien publicó una foto de la secuencia de la última cena y la comparó con otra del conocido fresco de Leonardo da Vinci sobre ese tema: «¿De verdad era necesario?».




