Por Autor Conocido
Trump y el puntapié al sueño americano
Estados Unidos viene de un pequeño catarro económico heredado por la administración de Joe Biden. La inflación causada por la pandemia del covid-19 dejó un serio malestar entre sus habitantes, los nativos, nacionalizados, migrantes legales o no, así como en minorías. Esa fue la clave del triunfo de Donald Trump.
El millonario que desde su fortuna ha hecho todo, logrado cosas tan inverosímiles como ser luchador en una de las compañías más grandes del mundo (WWE) hasta presidente de esta nación, se encargó de poner en la mesa un retórica de devolverle la grandeza, hacer todavía más rico a un territorio cuyo imperialismo le proporcionó control, a veces, desmedido.
En eso se engancharon los simpatizantes del Partido Republicano como los enojados con los Demócratas, decepcionados de la política de dinero del ahora ex mandatario. “Vamos a darle empleos a nuestra gente, no vamos a permitir a otros países hacerse ricos a costilla de nosotros”, mencionó en clara referencia a la globalización de sus grandes corporativos.
Desde ahí, envalentonado por sí solo y aplaudido por Elon Musk como ese grupo de asesores con cuentas que rebasan los nueve ceros, mandó el fin de semana el decreto para la ampliación de aranceles a sus principales socios comerciales, México y Canadá. Un categórico 25 por ciento cada uno y embarró a China con 10 por ciento.
Y le bajó a su agresividad
Esa agresividad mostrada el sábado, cuando le dio tremenda sacudida al mundo, bajó a otro tono en una declaración del domingo por la tarde. “Será un proceso muy doloroso”, expuso todavía con firmeza, pero al ceder a una plática con Claudia Sheinbaum Pardo en el sur, el motivo real de los impuestos por la situación migratoria y el tráfico de fentanilo, la rudeza se disipó.
Y quien haya hecho la acción de hacerlo recapacitar, sean esos asesores, los empresarios connacionales, su homóloga mexicana o alguien más, le terminó “bajando el rating” a su plan impositivo de productos tan necesarios, en particular los alimentos.
La consulta entre exportadores como especialistas en comercio exterior llegó a una conclusión: Trump sabe que si ejecuta está orden las plantas se vacían y, aún peor, la inflación en los platillos por el alza al tomate, maíz, naranja, limón, aguacate, granos y otros alimentos, pondrá más histéricos a los estadounidenses que la falta de drogas.
Para acabar, otro dato mencionado por estos expertos y a modo de pregunta: ¿El norteamericano aceptará irse al campo o a las fábricas a ocupar un puesto de trabajo, el cual históricamente rechaza pues su mentalidad es ganar sueldos de un CEO? El gringo no es un obrero, su cultura está alejada de esos empleos.
Donald J. Trump le está pegando un puntapié al sueño americano. Si sigue, hará mucho más largo y profundamente doloroso para su pueblo el “Make América Great Again”.




