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Esta fue la construcción de la victoria final.

Esta fue la construcción de la victoria final.

Por Miguel Castillo V

La Construcción de la Victoria Final

Las coincidencias históricas del mes de septiembre cuando hablamos de la Independencia de México son en realidad muy notables. No solo se dio inicio a las acciones armadas en este noveno mes del año, sino que también se registró el hecho que marcaría el final de este proceso con la entrada del Ejército Trigarante a la capital mexicana.

A lo largo de nuestra vida, este hecho se nos recuerda con bastante frecuencia, sin embargo, poco se sabe y se cuenta de lo que sucedió semanas antes para lograr la ‘victoria final’ de la independencia. En conmemoración de los 200 años de la consumación de la independencia, hoy pondremos el retrovisor en la mira de los sucesos que sentaron las bases para la famosa entrada del Ejército Trigarante a la Ciudad de México. Esta fue la construcción de la victoria final.

La ‘visión’ de Iturbide

Aunque reconocido en los libros de historia, Agustín Iturbide, fue sin lugar a dudas uno de los personajes más relevantes en la consumación. Aunque normalmente colocado como un ‘traidor’ de España, la realidad es que Iturbide fue un visionario político de un país dividido y profundamente desestabilizado.

La Nueva España no había sido la misma desde el surgimiento de la resurrección insurgente. A pesar de las muertes de Hidalgo y Morelos, la resistencia continuaba en las montañas y selvas del sur. Ante este complejo escenario, Agustín de Iturbide comenzó a construir un nuevo discurso: una conciliación entre insurgentes y algunos realistas para potenciar un nuevo país, en donde él se convirtiera en la máxima autoridad.

Evidentemente, Iturbide no se colocó como emperador desde un inicio, sino que primero buscó ser el mediador y conciliador entre insurgentes y la corona española. Esto captó, sorpresivamente, el interés de Vicente Guerrero, uno de los líderes insurgentes de la época pero detonó también el rechazó total de la corona hacia su persona.

Una nueva forma de afrontar la independencia

Conociendo la agobiada situación en la Nueva España, Iturbide optó por proveer a la causa insurgente de las mediaciones suficientes para conseguir la capitulación de la independencia. Lo que comenzó como una proclama armada, con tomas y batallas, terminó con pláticas, propuestas y tratos de parte del bando realista de Iturbide contra la última resistencia española.

Desde enero de 1821, Iturbide se dedicó a crear una nueva causa independista bajo la bandera del ejército de las tres garantías (Independencia, Unión y Religión). Al declarar el Plan de Iguala, el bando realista se unió a la causa. Ante esto, las fuerzas armadas insurgentes se vieron complementadas por las de los simpatizantes de Iturbide.

Entre febrero y agosto de este año, Iturbide no se dedicó a vencer en los campos de batalla sino en la construcción de alianzas y negociar territorios. Se habla del abrazo de acatempan con Guerrero, del cual no hay una verdad histórica comprobable, pero también hubo negociaciones con los peninsulares capitalinos y especialmente con el virrey de la Nueva España, Juan de O’Donoju.

Pero no todo fueron palabras y apretones de mano pues la lucha armada también tuvo que continuar.

Las Últimas victorias de la Independencia

Aunque no con la misma intensidad del inicio de la contienda, la lucha armada también tuvo unos capítulos más en el último año de guerra. Entre junio y julio, Veracruz fue asediado por más de 14 días por parte de los realista para sacar a los españoles. Esta contienda no tuvo gran éxito pues los españoles conservaron el bastión de San Juan de Ulúa. Sin embargo, un capítulo importante y definitorio de la independencia fue el ocurrido en Azcapotzalco, Ciudad de México.

En esta batalla, el ejército insurgente combatió a los españoles que resistían la nueva alianza realista. Los líderes insurgentes estuvieron de la mano de los generales realistas Anastasio Bustamante y Luis Quintanar. A pesar de haber sido parte del ejército de Calleja y batallar contra los insurgentes en los inicios, Bustamante y otros realistas se habían convertido en apoyos fundamentales para la victoria insurgente. En esta zona de la ciudad, los españoles tenían bajo su posesión haciendas como Clavería o Popotla.

Con una sangrienta contienda, los insurgentes lograron la victoria y con esto capitular un punto estratégico en la capital del país. En la batalla, destacó Encarnación «Pachón» Ortíz quien decidió salvar la artillería insurgente pero murió a causa de esto.

Ese 19 de agosto de 1821 se dió la última batalla de la independencia. La lucha había tenido tantas vueltas que, aquellos que habían atacado a Hidalgo y a Morelos en un inicio, habían sido parte de quienes lucharon en la construcción de la victoria independentista.

La Mirada desde el retrovisor

Mirar a estas épocas puede ser impreciso y tener visión borrosa. Hechos como el abrazo de acatempan o la labor de los realistas puede estar llena de mitos y de imprecisiones. Sin embargo, los hechos prevalecen. La victoria en Azcapotzalco y la firma de los tratados de Córdoba son hechos que nos dejan interpretar y comprobar algunas acciones de ese entonces.

Es muy común, en el argot nacionalista o elitista, reivindicar héroes y villanos de estas etapas fundacionales de México. Alabar a Iturbide, desprestigiar a Hidalgo, crucificar a los realistas o enaltecer al «Pípila». Todos forman parte de una lucha política por establecer una versión final de lo sucedido.

Por ello, al hablar de independencia, debemos afrontar los hechos y enfrentar las interpretaciones que nos ha entregado 200 años de historia. La construcción de la victoria final es solo uno de los muchos capítulos en donde los héroes y villanos se entremezclan para dar como resultado a personas con ideas y fines distintos.

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