Aunque pintado con los colores de México, la realidad en este mes ha sido otra para nosotros. Aquí los estragos de nuestro septiembre.Aunque pintado con los colores de México, la realidad en este mes ha sido otra para nosotros. Aquí los estragos de nuestro septiembre.
Por Miguel Castillo V

Los estragos de Septiembre

Al llegar el noveno mes del año, a toda persona nacida en tierras mexicanas se le recuerda su nacionalidad, su sentido patriótico. Desde hace más de 2 siglos, el mes de septiembre se ha convertido en el mes por excelencia del nacionalismo mexicano.

Se nos recuerda hasta el cansancio el inicio de la independencia con Miguel Hidalgo, Allende, Morelos y los demás guerrilleros en la lucha o se nos busca tatuar la tergiversada narrativa de la Batalla de Chapultepec ante la invasión estadounidense con los míticos Niños Héroes o, incluso, se nos obliga a reafirmar nuestro sentir nacionalista mediante el aniversario del multicitado discurso de los Sentimientos de la Nación de Morelos.

Son las efemérides que nos enseñan, que nos obligan a celebrar. Pero, ¿es eso realmente lo que ha ocurrido en este supuesto mes patrio? o, mejor dicho, ¿Es esto lo único que deberíamos estar recordando en septiembre?

Si dejamos de poner el retrovisor para mirar aquellas épocas de antaño y lo reajustamos a los últimos 60 años, hallaremos que la tónica nacionalista se desvanece, se destiñe. Y la razón, tristemente, pertenece a los hechos y no a las palabras. Estos son los estragos de nuestros meses de septiembre.

Septiembre entre 1960 y 2020: los estragos

Recordar la década de los años 1960 en México es tener que pasar obligatoriamente por lo sucedido en 1968. Un año donde el país quedó marcado por los atroces crímenes cometidos ante los estudiantes y civiles de aquel entonces. Y fue justo en un día como hoy, 18 de septiembre, cuando la línea contra los estudiantes se traspasó y violentó como pocas veces.

La noche de aquel día, más de 10 mil soldados, acompañados de tanques y camiones, tomaron la Ciudad Universitaria de la UNAM en la Ciudad de México, violentando la autonomía de la institución. Ante esto, hubo mucho disgusto y reclamos, que dejaron entrever aún más el autoritarismo del gobierno de Díaz Ordaz.

La desocupación, que sucedió casi dos semanas después, dejo perdidas materiales enormes para el recinto educativo además de que dejó un claro antecedente de lo que podría y que ocurrió par de días después en Tlatelolco.

Y a pesar de esta enorme lección histórica, cerca de 36 años después de estos sucesos, otra de las represiones estudiantiles más importantes de la historia moderna también tuvo lugar en este noveno mes. En el año 2014, la desaparición forzada de 43 normalistas en Ayotzinapa por parte de policías municipales de la zona causó una enorme indignación y recordó la enorme inseguridad que se vivía en el país.

Las protestas contra el gobierno priista alcanzaron a toda la nación y la falta de respuesta del gobierno federal enerveció a una población cansada de muerte y dolor. Y, a pesar de haber pasado más de 6 años del suceso, las respuestas aún continúan en el aire para mucho de lo sucedido aquella noche del 26 de septiembre de 2014.

Para rematar, una situación ajena a todos, los coincidentes terremotos del 1985 y 2017 retumbaron a millones de mexicanos en el centro del país. Los sismos del 19 de septiembre, que si bien no han sido silenciados, han sido otro de los dolorosos sucesos de los últimos años. Con magnitudes de 8.1 y 7.1, ambos terremotos fueron devastadores y destruyeron mucho más de lo que quizás se ha podido reparar en el alma de los mexicanos.

Las perdidas materiales y, sobre todo, las humanas, fueron y serán irreparables para millones de familias. Estos sucesos enmarcan quizás una de las mayores tragedias que han ocurrido en el país.

La mirada desde el retrovisor

Como alguien que esta leyendo esto, es difícil no pensar en el dolor y la perdida para el mes de septiembre. Las antiguas glorias, que también estuvieron demarcadas por fuertes tragedias, se ven cada vez más lejos y difíciles de sentir.

Por otro lado, los sucesos de los últimos 60 años nos engloban a todos los que estamos aquí, viviendo y enfrentando estas duras adversidades.

No es casualidad que para muchas familias, el mes de septiembre sea el aniversario de momentos innombrables y de profundo dolor. Las fiestas patrias, aunque aun celebradas, son el recordatorio de la cercanía del aniversario aquel sismo o aquella desaparición o represión.

La memoria histórica siempre será importante para una nación, para una familia y para un individuo. Por ello, recordar los sismos, las desapariciones o las muertes debe ser también parte de las enseñanzas del mes de septiembre.

Esto es para todos aquellos que han perdido a alguien o algo a causa de los estragos de Septiembre. Que nunca se olviden y que su recuerdo viva para siempre.

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