La escasez de semiconductores es una amenaza para la producción en el sector automotriz, ya que los autos ahora son computadoras sobre ruedas, con mucho plástico y decenas de semiconductores que controlan todo, desde las ventanas hasta el funcionamiento del tren motriz y el sistema de infoentretenimiento.
Los vehículos de hoy pueden usar 100 o más microprocesadores, lo que hace que la industria sea particularmente vulnerable a las interrupciones en el suministro de este componente.
La producción de un solo chip puede implicar más de 1,000 etapas, 70 cruces de fronteras y una gran cantidad de empresas especializadas, la mayoría de ellas en Asia. La escasez de este componente ha provocado la paralización de decenas de plantas alrededor del mundo, afectando la disponibilidad de modelos en los pisos de venta de la mayoría de las marcas.
«Hay vehículos que son más tecnológicos y tienen muchos microprocesadores. Esos modelos son los más afectados. En nuestro caso, las versiones más equipadas de nuestros modelos tienen muchos procesadores y es en donde tenemos los mayores impactos», dice Gerardo Carmona, director de Peugeot en México.
La escasez de chips fue desencadenada por los recortes de producción el año pasado, cuando los fabricantes de semiconductores incrementaron sus pedidos por parte de empresas de electrónica de consumo que experimentaron un auge de la demanda de pantallas, desde televisores hasta teléfonos inteligentes y computadoras durante los cierres por el COVID-19.
Las interrupciones de la cadena de suministro debido a la escasez de semiconductores comenzaron a acosar a los fabricantes de automóviles y de componentes a finales del año pasado.
Varias plantas en México, como la de Volkswagen en Puebla, tuvieron que parar por la falta de gas natural. Otras, como la de Nissan en Aguascalientes, tuvieron que comprar gas LP para mantener operaciones.

