Las remesas familiares registraron una caída estrepitosa durante esta pandemia según un estudio realizado por el Banco Mundial.
Las transferencias alcanzaron solo los 540.000 millones de dólares en 2020, sólo 8000 millones, o 1,6% por debajo del total de 2019.
“Hay muchas razones por las que las remesas disminuyeron menos de lo esperado en la pandemia de COVID-19. La principal es que los migrantes dan prioridad a las necesidades de sus familias, reduciendo el consumo personal y recurriendo a los ahorro”, dijo António Guterres en su mensaje para la jornada dedicada a las remesas.
Al contrario del resto del mundo, en América Latina y el Caribe las remesas se incrementaron en 2020, llegando a casi 103.000 millones de dólares, una cantidad 6,5% mayor que la registrada en 2019.
“Los flujos de remesas han sido más resistentes en América Latina en comparación con otras regiones”, detalla el estudio del Banco Mundial.
La recuperación del empleo y los paquetes de estímulo económico en Estados Unidos han permitido que se mantengan los flujos a países como México, El Salvador, Guatemala, Honduras y Jamaica, que reciben un 95% de las remesas de migrantes que trabajan en el país norteamericano.
Por el contrario “la precaria situación económica en España”, donde vive una décima parte de los migrantes latinoamericanos, ha hecho que bajen las remesas en Bolivia (-16%), Paraguay (-11.6%), y Perú (-13%).
António Guterres explicó que las medidas fiscales de los países de acogida fueron otra de las razones por las que los trabajadores migrantes pudieron seguir mandando dinero a sus familias.

