Se estrenó la serie “Guerra de vecinos” en Netflix.
Es una comedia que se basa en un tema que está justamente en la discusión nacional, el clasismo.
Pero no se espere una crítica social al estilo de los intentos de Héctor Suárez o las pontificadoras películas finales de “Cantinflas”. Es una serie que divierte y si alguien reflexiona, qué bueno, pero no es la finalidad. Aunque se dice que una de la claves del humor verdadero es la inteligencia contenida en él, de modo que si recibe un pellizco en la conciencia, tampoco se asombre.
El argumento es sencillo: una familia inmersa en la cultura popular, de barrio, vaya de esas que somos mayoría y vamos peleando diario para sacar los gastos.
Por el otro lado, se presenta otra familia que no conoce más mundo que el que su privilegiada posición le permite conocer. De esas que van de excursión a la ciudad para ver qué se siente subirse al transporte público.
Ni buenos unos por ser así o asado ni malos los otros por no compartir los mismos referentes. Ambas familias lideradas por mujeres fuertes y decididas, pero cada una en su esquina del ring.
El caso es que por un accidente los López, la familia con menos recursos, le pegan al premio mayor de un sorteo, que es una casa en un lujoso y exclusivo fraccionamiento.
Sus vecinos son una familia con un estilo de vida y percepción de lo que es la vida, completamente diferente. Por una casualidad, las matriarcas se habían conocido poco antes y al reconocerse el latigazo de antipatía es instantáneo.
Por supuesto, que los residentes del fraccionamiento desde el día uno intentan que los López se vayan de ahí, pero hay una cláusula del sorteo que lo impide: tienen que habitar la casa por seis meses cuando menos.
De modo que hay que brincar el plazo y sobrevivir en el intento, ambas familias.
Para que no haya duda de lo claramente que se quiere usar estereotipos, la familia de dinero es de tez blanca y ojos claros. La otra es fácil imaginar que el tono de piel tiene una dosis más alta de melanina.
Los roles principales están a cargo de Vanessa Bauche (Amores perros) y Ana Layevska (Cantinflas). Ambas muy acertadas en su papel.
La temporada que se estrenó consta de ocho capítulos. Recomendable
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