Manuel Germán Ramírez Valdovinos fue puesto en prisión por el homicidio de un hombre que se encuentra vivo en otro país.
Como si el absurdo tuviera paso franco para aparecer aun en la desgracia sin importar qué vida afecta, así suena la historia de Manuel Germán Ramírez Valdovinos.
Pudiera ser una anécdota curiosa si no llevara el signo de la desgracia.
Desde el año 2000 permanecía preso, pero el 16 de julio de 2021 salió libre.
Como la mayoría de quienes son acusados de un delito, Manuel dijo que no era culpable desde un inicio, que él no era el responsable de terminar con la vida de un joven. Siempre negó los hechos, pero hace 21 años firmó una confesión y eso fue suficiente para hundirlo.
La historia
El 26 de mayo del año 2000 ocho agentes de policía llegaron al domicilio de Manuel, ya era de noche en el Estado de México.
Sin mediar advertencia, sin orden de allanamiento, sin orden de aprehensión, sin explicación ni motivo entraron a punta de golpes a la casa. Insultos, violencia, más golpes. Sacaron a Manuel y lo subieron a una patrulla.
Tal vez llegar a la estación de policía hubiera sido lo que esperaba Manuel, a pesar de la falta de sentido de lo que le ocurría. No fue así.
Los agentes enfilaron el vehículo policial a una bodega. Ahí lo torturaron.
¿Por qué? Porque sí, porque había que hacer que hablara que aceptara aquello de lo que lo iban a acusar. Sí, no de lo que lo acusaban, sino de lo que lo iban a acusar.
Lo colgaron de unas cadenas, lo golpearon, le dieron descargas eléctricas, más golpes. Finalmente lo sumergieron en agua fría para borrar las marcas de la tortura.
Es difícil imaginar el estado físico, anímico y mental que ha sido tratado de esa manera.
Le presentaron una declaración que tenía que firmar. Lo hizo.
Los llevaron ante Ministerio Público y le presentaron otra declaración, tal vez creyendo que ahí tendría oportunidad de hacerse oír, Manuel se negó.
No fue eso una dificultad para sus verdugos, se acercaron a él y le dijeron que o firmaba o iban a ir a lastimar a sus familiares. Firmó, se acababa de declarar culpable del homicidio de Manuel Martínez Elizalde.
La sentencia fue dura: 40 años, 7 meses y 15 días estaría recluido en prisión.
Los absurdos
No fueron los que se acaban de narrar las únicas anomalías.
El cuerpo de la supuesta víctima fue levantado. El Ministerio Público dio fe del levantamiento del cadáver a la misma hora en que los médicos registraron su ingreso al anfiteatro de la Procuraduría General de Justicia en Texcoco. Lo que es decir que entre que “descubrieron” el cuerpo y llegó al forense el tiempo transcurrido fue cero.
Después de tres años en prisión se logró que se exhumara el cadáver para verificar la identidad. Se comprobó que las características del cuerpo no correspondían con las que se pusieron en los reportes periciales y aquellas que sí lo hacían al parecer se agregaron para que coincidieran.
Dudas razonables, anomalías, injusticias, no eran motivos para hacer justicia.
Así que era muy extraño que el muerto no fuera el muerto.
La tesis cobró fuerza cuando vecinos de Acolman comentaron que el supuesto hombre asesinado a los 19 años, en realidad vivía en los Estados Unidos.
Más aún, personas cercanas a familiares de Manuel Martínez Elizalde, el supuesto muerto, le dijeron a parientes de Ramírez Valdovino que el asunto fue que Martínez Elizalde tenia cuentas pendientes con la justicia, de manera que con su padre idearon el plan de hacerlo pasar por muerto para salir impune.
El plan se concretó cuando pagaron a agentes judiciales 150 mil pesos para que armaran el “homicidio” y que atraparan de inmediato a un culpable.
Esa fue la razón por la que Manuel Ramírez Valdovino terminó encerrado 21 años en la cárcel. Salió de ella el 16 de julio de 2021.

Hace días lo entrevistaron, habló de lo vivido: “Estoy muy marcado de la tortura. Ya no quiero recordar toda esa podredumbre que me hizo daño”, expresó.
Se le preguntó si estaba contento con que la ley hubiera hecho justicia.
Desde las entrañas preguntó ¿Que ley me repara ver a mi padre, de casi 90 años llorar nada más porque puede verme?
