Hoy, nos aventuraremos a descubrir un poco sobre los orígenes del día de muertos y a ver un poco como son las raíces en el altar.Foto de Francisco Estrada/Jam
Por: Miguel Catillo V

Las raíces en el altar

A lo largo de la historia, la muerte se ha convertido en uno de los temas más misteriosos alrededor de la humanidad. Un destino que todos enfrentaremos y, sin embargo, un tema tabú para muchos y muchas en el día a día.

Ha sido un tema tan misterioso y complejo de entender que se han invertido siglos en estudiar como evitarla o curarla y se han dedicado muchos menos en abrazarla, escucharla y entender su naturaleza, su función. Como los seres limitados que somos, hacemos lo único que nuestra corporeidad nos permite: despedir los restos físicos y, a veces, también despedir al alma.

Sin embargo, durante más de un milenio, muchas civilizaciones antiguas perdieron el miedo a hablar de la única garantía que nos da nuestra existencia: nuestro destino final, la muerte. Y a pesar de que estas civilizaciones fueron exterminadas o parte de la mezcla cultural actual, estas tradiciones, esta valentía de abrazar a la muerte perdura en muchos de los que habitan estas zonas.

Es por esto que, en esta edición del Retrovisor, no se colocará el espejo en algún momento en específico. Hoy, en vísperas de la celebración mexica del Miccaihuitontli (o día de muertos como lo conocemos hoy), nos aventuraremos a descubrir un poco sobre los orígenes de esta tradición y ver un poco como son las raíces en el altar.

El Miccaihuitontl

Durante siglos, para los mexicas, el día de muertos no fue un día. Se trataba de un auténtico festival, de una fiesta en donde la muerte era la principal invitada. Esta se conmemoraba en el noveno mes del calendario solar según los expertos y se decía que podía durar un mes entero.

En estas fiestas, las personas solían conservar los cráneos de sus fallecidos y se usaban en rituales donde se honraba a la diosa Mictecacíhuatl (en español «Dama de la Muerte») y se le rendía tributo mediante altares u ofrendas que veneraban a esta deidad y a la muerte.

Otro aspecto característico que se ha logrado rescatar fue la tradición de la flor de cempasúchil, la cual es la guía para que las ánimas puedan llegar a los altares.

La transformación de la celebración

Con el tiempo, y especialmente con la llegada de los españoles, esta tradición se adaptó a las normas de los conquistadores. Lo primero que se cambio fue la fecha. Esto ya que, en su intento por evangelizar a la población, se trasladó esta fecha al 1 de noviembre, la cual coincide con el Dia de todos los santos de la iglesia católica. Esto sin embargo, se ha adaptado en cada región, pues algunos acostumbran a celebrar más días para distintas personas (niños, adultos, asesinados, etc).

Otra cuestión que se adaptó fue eliminar cualquier cosa que se considerase una barbarie para los españoles, como el caso de los cráneos humanos que lentamente se adaptaron a los dulces de azúcar que se colocan actualmente en la ofrenda.

Pero a pesar de los intentos de los españoles, muchas cuestiones prehispánicas permanecieron y conservó parte del espíritu de la tradición. En algunos lugares, como el sureste de México, se realiza una comida de ánimas (Hanal Pixan en Maya). Esta se ofrece a los fallecidos y a los dioses para acercarse a ellos.

La mirada desde el Retrovisor

Cuando hablamos de día de muertos, todos tenemos a alguien que recordar. Algunos quizás tenemos mayor fortuna y podemos contar a penas un par de historias pero otros tienen la dura realidad de tener más historias que dedos en las manos. Es por eso que las tradiciones que dejaron aquellos que habitaron aquí miles de años antes que nosotros no deben ser dejadas en el olvido.

No solo es una oportunidad para recordar a quienes se han ido sino es un momento para aceptar, abrazar y mirar a la muerte sin miedo como lo acostumbraron antes. En una época en la que la muerte ha regresado en olas y números mayores, celebrar el día de muertos no debe verse como un retroceso. Este debe verse como un logro en la madurez del espíritu humano.

Si bien hoy se ha logrado alejar a la muerte unos años, esta sigue llegando y llevándose a cada uno de nosotros de regreso a la tierra. Y aunque el avance tecnológico y científico nos ha racionalizado y llevado a pensar de manera más científica, nunca debe suplir nuestro lado espiritual. Este es un lado que todos tenemos y es aquel que nos permite ver las verdaderas raíces en el altar.

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