Así pues hoy conoceremos la verdadera historia del Monumento a la Revolución o lo que solo llegó a ser una sala de pasos perdidos.Así pues hoy conoceremos la verdadera historia del Monumento a la Revolución o lo que solo llegó a ser una sala de pasos perdidos.
Por Miguel Castillo V

La Sala de los Pasos Perdidos

La historia de México está llena de conflictos y luchas armadas. La caída de Tenochtitlán o la lucha por la Independencia son claros ejemplos de ello. Pero, en la historia reciente, un conflicto brilla por si mismo como el más relevante y actual para nuestros días: La Revolución Mexicana.

Este es uno de los procesos más grandes que ha tenido México y uno que dejó en claro la enorme diferencia de culturas y pensamientos dentro del territorio nacional. Y que, además, también terminó por dejar una fractura la cual sigue vigente hasta el día de hoy.

El 20 de noviembre de cada año, se celebra el inicio de este proceso con más de 10 levantamientos en el país que buscaban terminar con el régimen de Porfirio Díaz. Y aunque, sin duda es un proceso interesante, tomaría muchas pero muchas palabras poder dar a entender la revolución.

Por ello, en esta edición del retrovisor, hablaremos de uno de los monumentos más reconocidos que hay en nuestra nación: el monumento a la Revolución. Ubicado cerca del centro histórico de la capital mexicana, la paradoja que existe en esta construcción es quizás una de las más interesantes que tenemos en el país. Así pues hoy conoceremos la verdadera historia del Monumento a la Revolución o lo que solo llegó a ser una sala de pasos perdidos.

Monumento a la Revolución: ¿La última piedra del Porfiriato o la primera piedra de la Revolución?

Corría el año de 1897 cuando Porfirio Díaz tomó una decisión que iba a dejar una gran huella. Con la intención de seguir construyendo un México más elegante, con su característico estilo francés, Díaz escogió al arquitecto Émile Bénard para poder edificar su más reciente y quizás la mas lujosa de sus edificaciones: el Palacio Legislativo de México.

Sin embargo, el tiempo no le alcanzó a Don Porfirio para edificar su obra. Para el año 1910, la gente comenzaba a arremolinarse en las calles y el grito de «Sufragio efectivo, no reelección» comenzaba a crecer poco a poco, especialmente en el norte del país.

En el poco tiempo en que se puso en marcha la construcción de este edificio, se busco darle estabilidad al pantanoso terreno en la colonia Tabacalera donde iría el Palacio. Por ello, se construyó una ‘cama’ de 17,000 pilotes hecha con el acero norteamericano de Miliken Bros.

Fue entonces que, posterior a los festejos del Centenario de la Independencia en 1910, Díaz se preparó para colocar la primera piedra del Palacio. Esto se planeaba ser parte de los festejos del mismo centenario. Pero tres días antes de este evento, la Revolución Mexicana en 13 lugares del país dio inicio.

Esto no impidió que el mismo presidente colocará la primera piedra el 23 de noviembre de 1910 aunque si ocasionó que, a raíz del aumento de la inestabilidad en el país, se convirtiera en, quizás, la última piedra del porfiriato.

Los años que siguen suelen ser un recuerdo borroso para muchos de los mexicanos que vivieron en ese entonces. Las guerras y los conflictos armados dominaron el país y a pesar del avance de los años, la revolución no parecía tener fin. Esto también marcó el abandono de aquel palacio de ensueño que Porfirio soñó para el Legislativo. Madero intentó continuar con esta obra, pero tras su muerte, la estructura regresó a un eterno abandono.

En 1922, Bénard trató de salvar su propia construcción. Le propuso al presidente en turno, Álvaro Obregón, el construir lo que el llamó como el Panteón de los Héroes, que buscaba rendir homenaje a los caídos en la Revolución. Obregón aceptó pero su muerte en 1928, junto con la de Bénard, se llevó con el la posibilidad de realizar esto.

Fue hasta 1933 cuando Carlos Obregón Santacilia dio la idea de construir un monumento a la Revolución Mexicana. Esto fue rechazado en primera instancia. Pero poco después lo aceptó el entonces presidente Abelardo Rodríguez y comenzó así la reestructuración de la Sala de los Pasos Perdidos que llevó al Monumento que hoy conocemos.

La Mirada desde el retrovisor

La historia del Monumento a la Revolución es quizás una de las metáforas más increíbles que existen de un proceso como el que transcurrió en aquel entonces. Si fue la última piedra del porfiriato o la primera piedra de la revolución, yo diría que fue la piedra del cambio.

Destinado a convertirse en un lujoso palacio, la obra terminó por ser un alto monumento de lo sucedido. Y que lo único que tiene del plan original es la primera parte de la Sala de los Pasos Perdidos. Combinando estilos de todos lados, el Monumento es un gran reflejo de lo que paso durante la revolución: un cambio.

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