La infancia es la época para muchos de mayor felicidad y la celebramos como cada año este 30 de abril con el Día del niño y la niña, pero… ¿por qué hoy?
De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas (ONU), el Día del Niño tenía como objetivo conmemorar a las víctimas infantiles que cobró la Primera Guerra Mundial. Desde 1924 se había ratificado la declaración de Ginebra sobre los Derechos de los Niños, el cual buscaba garantizar la protección y los derechos infantiles.
El 20 de noviembre de 1959, la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) instituyó la celebración del día internacional de los niños.
Pero cada país eligió un día especial con el propósito de celebrar a los pequeños de todo el planeta.
Pero oficialmente la ONU declaró el 20 de noviembre el Día Universal del Niño, fecha en que se aprobó también la Declaración de los Derechos del Niño y la Convención Sobre Los Derechos del Niños.
En México ya se había tomado la iniciativa
Ya desde el año de 1924, en México, se señaló el 30 de abril como Día del niño. Esto cuando era presidente de la República el General Álvaro Obregón y su ministro de Educación Pública el licenciado José Vasconcelos.
El célebre Vasconcelos decía que había que hacer de cada escuela “un palacio con alma”; esto para que los niños pobres, descalzos y hambrientos vivieran en palacios las mejores horas de su vida y guardaran recuerdos luminosos. Un hermoso pensamiento.
De manera que la decisión se tomó con la finalidad de reafirmar los derechos de los niños y procurar que los y las menores tuvieran una infancia feliz para un desarrollo sano, pleno e integral como ser humano.
El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) nos dice que el desarrollo de la infancia va de los seis a los trece años de edad; que es un periodo clave para consolidar las capacidades físicas e intelectuales; así como para la socialización con las demás personas y para formar la identidad y la autoestima.
Más allá de todo, la infancia no es solamente una etapa de la vida de cada persona, es también la permanente renovación de la esperanza en un mundo mejor y en que de alguna manera podamos recuperar el estadio en que no odiamos, ni discriminamos, en que aún no hemos aprendido lo que de malo nos heredan, con o sin intención.
Tal vez celebrarlos es una pequeña oportunidad de si no regresar, cuando menos participar un poco de cuando ser buenos no nos costaba trabajo. Valdría la pena hacerlo a diario.
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