La guerra por el control del Cártel de Sinaloa, protagonizada por las huestes de Ismael «Mayo» Zambada y las células comandadas por los hijos de Joaquín «El Chapo» Guzmán, se ha caracterizado por la ejecución de varios líderes delincuenciales en el noroeste del país.
Cuerpos desmembrados abandonados en las calles, balaceras que siembran pánico entre la población civil y las miles de víctimas colaterales producto de la batalla por el Cártel de Sinaloa se han convertido en el pan de todos los días en ciudades como Hermosillo, Caborca, San Luis Río Colorado, Guaymas, Empalme y Cajeme, todas ubicadas en el estado de Sonora.
De acuerdo con las autoridades, dos niños murieron esta semana como resultado de la guerra entre los antiguos socios del también conocido como Cártel del Pacífico: uno que jugaba en el patio de su casa en San Luis Río Colorado y otro que salió a la tienda de la esquina en su vecindario, ubicado en Cajeme.

Por otro lado, balas perdidas hirieron a una mujer embarazada en el municipio de Guaymas y más de cuatro menores de edad, oriundos de distintas ciudades sonorenses, presentaron lesiones por proyectiles de armas de fuego. Cabe mencionar que ninguna autoridad ha brindado mayor información sobre los incidentes, toda vez que evitan reconocer la difícil situación de violencia que enfrenta Sonora.
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Esta misma semana, incluso, la Secretaría de Seguridad Pública y la Fiscalía General del Estado de Sonora «misteriosamente» cancelaron la conferencia de prensa que organizaban cada jueves.
Pese al hermetismo que mantienen las autoridades tanto federales como estatales, los herederos de «El Mayo» y de «El Chapo» se han valido de cuerpos desmembrados, narcomantas y videos difundidos en redes sociales para evidenciar la disputa entre ambas células del narcotráfico. Por ejemplo, tres cadáveres aparecieron hace unos días a espaldas de un estadio de béisbol, ubicado en Ciudad Obregón.
Dicha estrategia, informaron especialistas en seguridad consultados por la agencia EFE, busca provocar que las diferentes corporaciones de seguridad actúen en contra de uno u otro bando y «calentar la plaza», todo mediante enfrentamientos armados en zonas escolares y sitios concurridos.

