Autoridades de salud detectaron purificadoras de Altamira que usan agua de pozo, la cual, aseguran, no representa un peligro para la población.
El encargado de la Comisión Estatal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Coepris), José Daniel Martínez Cano, explicó que en los negocios que usan agua de pozo se tiene que hacer una revisión, porque deben tener un permiso de la Comisión Nacional del Agua, así como de la dependencia que representa.
“Sé que algunas están acudiendo a pozos artesanales, estamos checando eso porque necesitan el permiso de la Comisión Nacional del Agua y de nosotros”.
Reconoció que algunas purificadoras trabajan parcialmente, otras un poco más limitadas y que es una situación crítica por la falta de agua.
“Estamos hablando de 180 expendios de agua en la jurisdicción y hay muchas que son expendedoras de agua de monedas”.
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Algunos dueños de purificadoras han optado por limitar el llenado de botellones, solo tres por persona para evitar el acaparamiento.
“Algunos están trayendo agua de otros lados y todos los lunes hacemos muestras de agua y hasta ahorita todo ha salido bien”.
El funcionario agregó que las purificadoras ubicadas en la zona sur de Altamira no han tenido tanto problemas con el abasto de agua, mientras que las del centro sí.
“Todo depende cómo hacen el surtimiento de agua, a lo mejor duran dos o tres días cerrados y nuevamente les surten”.
La demanda de agua de botellón se ha incrementado porque la población teme que haya una escasez.
“La presión no alcanza a llenar los tanques de almacenamiento y resulta muy caro comprar una pipa, lograríamos sacar la ganancia esperada con la venta”, comentó el vendedor Julio Morales.
Desde hace dos semanas, algunas purificadoras de la región incrementaron cinco pesos el garrafón, ya que los gastos para el tratamiento del agua también tuvieron un aumento.

