México es la dictadura perfecta: la frase de Vargas Llosa que sacudió al país en 1990 durante el encuentro “La experiencia de la libertad”.México es la dictadura perfecta: la frase de Vargas Llosa que sacudió al país en 1990 durante el encuentro “La experiencia de la libertad”.

México es la dictadura perfecta: la frase de Vargas Llosa que sacudió al país en 1990 durante el encuentro “La experiencia de la libertad”.

En agosto de 1990 durante el encuentro “La experiencia de la libertad”, organizado por la revista Vuelta y transmitido por Televisa, el escritor Mario Vargas Llosa acudió como invitado al encuentro moderado por el escritor Enrique Krauze, y pronunció allí una de sus frases más conocidas: “México es la dictadura perfecta”.

El peruano pidió que no se le considerara un mal invitado por lo que iba a decir.

Las palabras de Vargas Llosa

“Yo quisiera comentar brevemente la brillante exposición de Octavio [Paz]. Él dice que en la descripción que hice de la transición hacia formas abiertas de sociedad de América Latina él no encontraba el caso de México, y al describir el caso de México, en cierta forma tengo la impresión que ha exonerado a México de lo que ha sido la tradición dictatorial latinoamericana”, comenzó su reflexión.

“Espero no parecer demasiado inelegante por decir lo que voy a decir. Yo no creo que se pueda exonerar a México de esa tradición de dictaduras latinoamericanas. Creo que el caso de México, cuya democratización actual soy el primero en celebrar y aplaudir como todos los que creemos en la democracia, encaja dentro de esta tradición con un matiz que es más bien el de un agravante. Yo recuerdo haber pensado muchas veces sobre el caso mexicano con esta fórmula: México es la dictadura perfecta”, dijo, en un momento en que el Partido Revolucionario Institucional (PRI) aún conservaba el dominio político del país.

La dictadura perfecta es México

“La dictadura perfecta no es el comunismo, no es la URSS, no es Fidel Castro. Es México, porque es la dictadura camuflada de tal modo que puede parecer que no es una dictadura, pero tiene, de hecho, si uno escarba, todas las características de la dictadura: la permanencia, no de un hombre, pero sí de un partido, un partido que es inamovible”.

Vargas Llosa volteó a ver a Octavio Paz y continuó su argumento, en este caso sobre el papel que los intelectuales representaron en los gobiernos del PRI: “Un partido que concede suficiente espacio para la crítica en la medida en que esa crítica le sirva porque confirma que es un partido democrático, pero que suprime por todos los medios, incluso los peores, aquella crítica que de alguna manera pone en peligro su permanencia”.

“Una dictadura que, además, ha creado una retórica que la justifica. Una retórica de izquierda para la cual, a lo largo de su historia, reclutó muy eficientemente a los intelectuales, a la inteligencia. Yo no creo que haya en América Latina ningún caso de sistema, de dictadura, que haya reclutado tan eficientemente al medio intelectual, sobornándolo de una manera muy sutil: a través de trabajos, a través de nombramientos, a través de cargos públicos. Sin exigirle una adoración sistemática, como hacen los dictadores vulgares. Por el contrario, pidiéndole más bien una actitud crítica, porque esa era la mejor manera de garantizar la permanencia de ese partido en el poder”, mencionó mientras Paz tomaba notas.

Respuesta del PRI

Los señalamientos de Vargas Llosa provocaron un profundo malestar en la clase gobernante, e incluso en la asamblea del PRI, realizada poco después, se le dedicaron sonoros silbidos al escritor, a quien se calificó como “imprudente” y se le acusó de “tener una lengua más rápida que su cerebro”.

Años después, en marzo de 2011, el peruano aseguró en una conferencia que se había equivocado: “Creo que me equivoqué porque la dictadura no era tan perfecta, la prueba es que la dictadura al final se transformó en democracia, una democracia todavía imperfecta, desde luego, como lo son todas las democracias latinoamericanas”.

También llegó a referirse al presidente estadounidense, Donald Trump, quien se encontraba a la mitad de su primer mandato: “Donald Trump es una desgracia para Estados Unidos y para el mundo entero, por la influencia enorme que tiene Estados Unidos sobre el mundo. Es un personaje populista. Creo que es un populista prototípico, que no tiene la categoría intelectual necesaria para ser presidente de Estados Unidos, que actúa de una manera precipitada y muchas veces irresponsable, sin darse cuenta de que las cosas que ocurren en Estados Unidos, o que Estados Unidos protagoniza, tienen reverberaciones en todos los rincones del globo”.

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