Por Autor Conocido
El gobernador que no pudo ser
Dentro de la baraja del Partido Revolucionario Institucional en sus llamados “tiempos mozos”, cuando sus líderes se sentían como dioses del Olimpo y cuyo poder como dinero parecía interminable, en la zona sur de Tamaulipas el activismo de Mario Leal Rodríguez era, si lo traducimos a los tiempos actuales, como recibir una notificación a tu dispositivo móvil cada hora.
Su lugar dentro del organismo político le permitió gozar a través del presupuesto público de varias enmiendas: dirigió la Comapa, fue diputado en el Congreso Estatal y muchas veces manifestó su intención de ser el candidato tricolor a la presidencia municipal de Tampico. Había reunido un considerable capital en colonias, manejando estructuras y operaciones en días de elección.
Sin embargo, siempre hubo un pero: su particular forma de ser. Por ello se le atravesaron tantos competidores como Fernando Azcárraga, Oscar Pérez Inguanzo y Magdalena Peraza. Harto del ninguneo y la humillación, decidió apostarle a Francisco García Cabeza de Vaca en 2016, consumando con ello la traición a Baltazar Hinojosa a cambio de una subsecretaría en Educación y una dirección de los Cobats.
Pero dentro de esa línea de tiempo los verdaderos problemas los tuvo en casa. Una relación sentimental fuera de matrimonio cuando tuvo un escaño en el Parlamento estatal fue destapando su infidelidad y rompiendo con ello una familia conformada por tres hijos, dos varones y una mujer. Su esposa era la hoy alcaldesa porteña, Mónica Villarreal Anaya.
Paga por sus malas decisiones
Mario gozaba de un conocimiento pleno de la política desde las entrañas, sea cómo, cuándo y dónde acercarse al votante en sectores populares, el manejo de una campaña, la manera de hacer acuerdos con interesados dentro de la misma corriente, entre otros factores. Por cierto, en dicha época su cuñado Américo Villarreal Anaya, no estaba metido en esas índoles.
Lo peor no fue el divorcio, sino el desprecio de la familia de su expareja formal. Tras la separación, Mario le retiró cualquier apoyo para la manutención de los tres menores. Entre los hermanos y amigos como Magda salieron adelante, en tanto el susodicho ya estaba alineado al Cabecismo.
Y como la vida suele ser muy ingrata, fue maltratado por el panismo texano-reynosense. Lo echaron de la nómina educativa por un presunto desvío de recursos y una denuncia en su contra; lo grave: la carrera política y sus sueños quedaron sepultados, para años después ver a su ex familia política como servidores públicos.
Leal Rodríguez pudo haber sido el gobernador si las decisiones fueran otras… pero el hubiera no existe. Lástima.
