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Por Autor Conocido

Las omisiones de COEPRIS 

La labor asumida y comprometida por los integrantes de la Comisión Estatal para la Protección de Riesgos Sanitarios, conocida como la COEPRIS, estaba en regular, supervisar y autorizar a los establecimientos comerciales de todo tipo ante la reactivación de las actividades consideradas como no esenciales, desde junio del 2020 a la fecha. 

Esos negocios detenidos desde marzo del mencionado año tras los primeros casos de la pandemia del covid-19, a fin de evitar una propagación mayor de la enfermedad en sitios recurrentes, debieron acudir a la instancia controlada por la Secretaría de Salud en Tamaulipas para recibir un aviso donde se les permitía su operación. 

De a poco y tras los reclamos de miles de propietarios, particularmente micro, pequeñas y medianas empresas, se le fue dando oportunidad a cada comercio de ofrecer sus productos y servicios desde su propia sede, siempre y cuando, se cumpla con los protocolos de higiene establecidos como contar con un tapete sanitizante, gel antibacterial y la toma de temperatura. 

A un año de las referidas acciones, la dependencia no parece estar en sincronía con lo que en su momento ha señalado la titular de salud tamaulipeca Gloria Molina Gamboa. Es notorio cuando los fines de semana llegan y en ciertos sectores algunas cosas están demasiado permitidas. 

Por ejemplo, el pasado fin de semana causó expectación el cierre de una de las discotecas más famosas y emblemáticas de Tampico: «Byblos».

El lugar estaba en funcionamiento posterior a la hora impuesta en los decretos del Consejo Técnico de Salud (medianoche), información que todos en la ciudad sabían, menos los supervisores. 

De buenas a primeras, el staff a cargo del coordinador regional Blas Rodríguez, llegó, vio y cerró el centro de entretenimiento. La noticia se soltó por la mañana y mediodía del día siguiente, casi como una victoria para la autoridad ante el duro golpe que representó «encontrar las evidencias de un mal actuar en plena pandemia». 

El problema está cuando otro negocio, conocido como «El Nunca Jamás», aplica la misma forma de ofrecer música en vivo, bebidas alcohólicas y comidas a altas horas de la noche. La única diferencia es que nadie la COEPRIS siquiera se asoma. 

¿Será porque el número uno de la dependencia es su dueño? 

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