Previo a la visita de Joe Biden a la frontera de El Paso, en Texas, migrantes deportados que han intentado asentarse en Estados Unidos (EE.UU) de manera ilegal pidieron al presidente de aquel país que los escuche y «los deje pasar», pues están sufriendo mucho en México.
Cargando un cartón que lee «Apóyanos con lo que salga de tu corazón», Julio Márquez, migrante venezolano, recorre las calles de Ciudad Juárez, Chihuahua, vendiendo dulces cerca de la frontera. Tiene el mismo mensaje para las autoridades estadounidenses, pues el migrante de 32 años asegura que las personas extrajeras atraviesan situaciones muy difíciles en nuestro país.
Hace unos días, Joe Biden anunció una serie de modificaciones a sus políticas migratorias, cuyo acceso limitado al asilo ha levantado críticas entre la comunidad internacional.

Pese a que el Gobierno de EE.UU otorgará 30 mil permisos humanitarios mensuales para migrantes de Venezuela, Haití, Nicaragua y Cuba que cuenten con patrocinadores estadounidenses, Biden adelantó que su administración endurecerá las medidas contra aquellas personas que crucen la frontera sin antes haber solicitado asilo. De acuerdo con el presidente, los migrantes que ingresen de manera ilegal volverán a México en calidad de deportados.
Al mismo tiempo que elementos migratorios mexicanos y de las policías estatales realizaban patrullajes en las orillas de hormigón del Río Grande, ubicado en los límites entre Ciudad Juárez y El Paso, familias enteras intentaban ingresar a Estados Unidos trepando por los bucles de alambre de concertina.
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Erlan Garay, migrante oriundo de Honduras, se dirigió a una mujer colombiana, madre de tres menores, y le indicó que se agachara. «Van a pedir asilo, tienen su oportunidad», dijo, añadiendo que buscaría otro lugar por donde cruzar clandestinamente y encogiéndose de hombros ante una gota de sangre donde la valla le pinchó la mano.

Por su parte, Julio Márquez platicó que ni él ni su pareja, Yalimar Chirinos, tienen patrocinadores en Estados Unidos, por lo que no califican para el nuevo programa de entrada legal. Cinco meses después de haber llegado a México, la pareja de migrantes acusó que el gobierno de Joe Biden cambia sus leyes de manera constante, «cada semana».
Aunque ambos lograron cruzar a Texas, la falta de comida y un lugar donde pasar la noche los obligaron a entregarse a las autoridades de Estados Unidos. Sin embargo, los enviaron de vuelta a México.
Por la noche duermen en la calle, sin tienda de campaña ni mantas, abrazados unos a otros para mantenerse calientes, recelosos de los delincuentes conocidos por robar y secuestrar a inmigrantes. «No quiero estar más aquí», dijo Márquez, al tiempo que rompía a llorar. «Señor presidente, si me va a deportar, que me deporte a nuestra tierra, no aquí a México».

