Por Miguel Castillo V
El largo recorrido entre la guerra y la paz
Pocas lecturas generan tanto temor a un novato literario como guerra y paz. Y con justa razón. La obra maestra de León Tolstoi es, aunque un muy importante retrato de la sociedad y de la invasión napoleónica en Rusia, es bastante compleja y llena de aristas. Esto no solo genera temor antes de iniciar el libro sino que son muchos los que no logran concluir el largo recorrido de guerra y de paz del gran escritor ruso.
Sin embargo, esto no debe ser motivo de desanimarse. Muchos lectores tardan años y admiten leer ‘por partes’ esta novela debido a su complejo lenguaje y su gran volumen de páginas. No existe como tal una forma ‘correcta’ de leer esta pieza aunque algunos puristas quieren hacer creer que si y tampoco existe ninguna vergüenza en no terminarlo.
En mi experiencia, fueron al menos unos 5 intentos de leerlo, todos acabando unas cientos de páginas después y dándome, al final, el conocimiento completo de la trama. Viendo mi ejemplar tan usado y marcado, procedí a encontrar algunos subrayados dentro de la vasta cantidad de palabras. Para mi sorpresa, hubo muchos más de los que creí y aquí solo apunté algunos de los más memorables en mi opinión.
«La palabra dicha es plata; la no pronunciada, oro»
«El gran número de iglesias y monasterios es siempre índice del atraso de un pueblo»
«Sólo conozco dos males bien reales en la vida: el remordimiento y la enfermedad. Sólo en la ausencia de esos males está el bien»
Para el marcatextos
Es bastante difícil hablar de solo una trama o una línea de pensamiento en un libro como Guerra y Paz. Esta novela rusa se parte en muchas direcciones y muchos pensamientos por lo que querer ligarlos a todos se me haría un despropósito. Es por ello que lo mejor que se puede hacer es tratar las frases desde grupos o puntos de vista separados
En este caso, es interesante ver la aproximación religiosa del autor en su segunda frase. Ahí se denota la frivolidad de Tolstoi frente a la iglesia pero sobre todo la correlación tan violenta (para aquella época) del atraso y la religiosidad. Por ello mismo, queriendo dejar en claro la palabra bien, este primero busca destacar lo que lo impide donde solo pone dos: enfermedad y remordimiento. La primera es muy lógica pero la segunda sin duda deja ver una clara preocupación hacia la consciencia de nuestro autor, tema que podría extenderse muchos párrafos pero que al menos vale la pena tener en cuenta.
Pero sin duda la gran joya entre las frases del libro es aquella que habla de las palabras dichas y las que no. Y es que, en un mundo como el de hoy, donde la información es lo que sobra, callar algunas cosas puede valer más que oro. Mientras que aunque es cierto que lo dicho puede valer, su valor sin duda está más devaluado que nunca.
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