Por Autor Conocido
¿Se acabará la polarización el 1 de octubre del 2024?
Ese término tan mencionado durante el sexenio por concluir en menos de un mes y medio, cuyo ambiente social de confrontación estuvo en un alto nivel a la mitad de la administración federal, concluyó al estilo del buscador del Google como la palabra más mencionada entre 2018 y hasta la fecha, producto del nuevo sistema político por continuar otros seis años.
Con un significado claro de inclinación hacia una ideología, simpatía o antipatía de una figura pública, nos encontramos en una especie de especulaciones con la aprobación de las diputaciones federales plurinominales y la reforma en materia judicial, asuntos tan exacerbantes en la paz general de una nación con muchos problemas más relevantes, entre ellos, la seguridad y la estabilidad económica.
La polarización fue una reacción en cadena cuyas detonaciones fueron a paso de una explosión cada minuto o segundo. El medio fueron las redes sociales, no había hora específica para el choque constante de seguidores de Andrés Manuel López Obrador y sus contrarios, particularmente de militancia panista. Hasta de madrugada y cuando había temas virales sin relevancia, se peleaban casi a muerte
El país ahora llega a un escenario nuevo, inédito, pocas ocasiones imaginado y hasta cierto punto esperado con expectación en lugar de temor o incertidumbre, sin embargo, el problema no está en la futura gobernante, Claudia Sheinbaum, sino en la cultura de sus próximos gobernados.
Motivos sobran
Solo basta irnos hacia la idiosincrasia de dos sectores de la población. En la clase alta y media alta, ya sea en el club social, el café o la cena en el restaurante caro, persiste una demostración clara sobre aquellos fuera de ese círculo, en este caso, empleados o sirvientes, vistos, tratados y usados como lacayos, sin merecimiento a una mejor calidad de vida.
Ese desprecio es similar pero en la clase media, media baja o baja. Los obreros o trabajadores tampoco hablan “linduras” de sus jefes o patrones, considerándolos racistas, arrogantes, inhumanos y hasta de ignorantes (hay otra palabra más altisonante) por desconocer el manejo de su empresa. Es habitual la charla en fondas, cantinas y reuniones sociales o familiares.
Con lo último mencionado, basta para entender lo difícil de erradicar el entorno polarizante. Peor aún, en varios mexicanos esto es una especie de droga, una necesidad de conflictuarse, de lograr incomodar a quienes piensan diferente o sentirse ofendidos por lo que diga el adversario, similar a los alacranes cuya misión es matar al rival de su misma especie, a costa de su propia vida.
El 1 de octubre del 2024 marcará el inicio de una era en México con la primera mujer en el Ejecutivo federal y nada más. El combate continuará.

