Por Autor Conocido
Transporte público y los contrastes
Un nuevo y bochornoso capítulo volvió a vivir Tamaulipas este martes. Ni las visitas de directivos de Petronas, una de las compañías petroleras más importantes del mundo (como dato, es patrocinador y competidor de la Fórmula 1, casi nada), fueron suficientes para ver las dos caras de nuestra entidad, empeñada en convertirse en un circo.
Por un lado, el amable. La presencia de los dueños de la empresa de Malasia le dio prestigio a Tampico, Ciudad Madero y Altamira, más con la confirmación de elegir esta región como su base de operaciones, al contar con un área contractual autorizada por la Comisión Nacional de Hidrocarburos (CNH) al sureste de Tampico, en el Golfo de México.
Al interior del Club de Industriales, donde se reunieron con el gobernador Francisco García Cabeza de Vaca, todo era tranquilidad. Muy distinto a la otra cara, de la gente trabajadora en diferentes actividades, ayer afectada por una decisión polémica, cuestionada y de posibles implicaciones políticas.
La nota se las llevaron los conductores de Uber y DiDi, empresas a quienes se les autorizó su operación para ofrecer el traslado de personas vía aplicación hace casi 2 años. Primero, sin decir agua va, les quitan sus coches. Después, se manifiestan cerrando la principal conexión de la región, la Tampico-Altamira a través de la Avenida Hidalgo y luego de la Industria.
Colapso, enojo, reclamos, conatos de bronca, retrasos, mentadas de madre, todo un caos a causa de 10 mil pesos que la autoridad solicita de los choferes; mientras a estos no se les regresaban sus unidades y, lo más grave, no eran atendidos.
Así, como ha sucedido en cinco años, un gobierno reaccionario y no previsor trató de calmar las aguas. Cuando el daño estaba hecho para miles de personas decidieron actuar. Qué pena la imagen entregada ayer.
Concesionarios, con y sin razón
Pero en el fondo, llegamos al final de un nuevo sexenio estatal con la versión de ser una región o estado de primer mundo, pero con problemas de tercero, como el transporte público, una de las grandes dolencias.
Y aquí, se entiende a taxis y rutas. Tienen razón, Uber, DiDi y socios deben pagar lo que en la ley está marcado.
Sin embargo, la autoridad no mide con la misma vara a los concesionarios cuando nos subimos a sus coches o camiones chatarras, asientos rotos, sin clima, choferes inexpertos y malos tratos, pero que nos cobran la tarifa como si nos llevarán en un BMW o Mercedes Benz.
Ese es el contraste del transporte… y también el contraste de Tamaulipas.

