Por Miguel Castillo V
El primer viaje a las estrellas
Durante miles de años, los humanos miraron hacia arriba y soñaron con alcanzar las estrellas en el cielo. Muchas generaciones se quedaron con la esperanza de conocer los secretos que ocultaban aquellos puntos brillantes que definimos como estrellas, aún sin saber casi nada sobre ellas.
Algunos lograron observar más de cerca estos objetos celestes, pero no fue hasta cientos de miles de años después cuando existió la primera oportunidad de abandonar este planeta y alcanzar finalmente las estrellas. Ante esta oportunidad única, se podría pensar que hubo una ‘larga fila’ de personas consideradas pero la realidad es que ni siquiera fuimos la primera especie en abandonar la tierra.
Hoy, en esta edición del retrovisor, nos iremos 64 años atrás y reviviremos la travesía de Laika, una pequeña perrita rusa que se convirtió, de la noche a la mañana, en la única tripulante del primer viaje a las estrellas.
La urgencia de alcanzar las estrellas
A poco más de 10 años de haberse declarado la guerra, Estados Unidos y la Unión Soviética tenían una encarnizada contienda mundial en muchos aspectos: económica, política, social, etc. Sin embargo, un tema que comenzó a despertar el interés de ambos bloques fue uno que era mayormente desconocido hasta el momento: el espacio exterior.
Visto como una nueva forma de mostrar su superioridad, tanto soviéticos como estadounidenses comenzaron a buscar la forma de viajar al espacio exterior. Aunque eventualmente se catalogaría a Estados Unidos como el ‘ganador’ de esta contienda al llegar a la luna, los soviéticos fueron quienes dieron los primeros grandes saltos.
Y el primero de estos, fue el programa Sputnik. Constantemente, esta iniciativa soviética ha sido minimizada tras los posteriores avances estadounidenses pero, en realidad, ese momento cambió la historia de la humanidad para siempre.
El lanzamiento del Sputnik I, el 4 de octubre de 1957, marcó un antes y un después para la raza humana al poner en órbita su primer satélite en el espacio. Sin embargo, a pesar del enorme avance, la presión por mandar al hombre al espacio comenzó a intensificarse y con ello, se preparó la antesala para este salto.
Sputnik II: el primer viaje
Tras lograr colocar con éxito el satélite Sputnik en órbita, los soviéticos alistaron un segundo lanzamiento en su ilusión por ‘ganar’ la carrera espacial. Así pues, se anunció el lanzamiento del Sputnik II y también se notificó que, por primera vez, un ser vivo tripularía la misión espacial.
Aunque ya se sabía de antemano que el humano estaba descartado, pues se querían estudiar los efectos de este viaje con otro ser vivo, la decisión de que que animal sería el primero en abandonar el planeta fue una interrogante por un tiempo.
Sin embargo, poco antes de la misión, se decidió que sería un perro quién viajaría primero al espacio. Así pues científicos de Moscú reclutaron a «Kudryavka», mejor conocida como ‘Laika’. Esta perrita mestiza de unos 3 años de edad y que se encontraba vagando por las calles de Moscú fue la elegida para abordar el Sputnik II y ver lo que ningún hombre había visto.
Sputnik II: La travesía de ‘Laika’
De pasar de buscar comida en las calles a tripular una nave espacial, Laika se enfrentó a una serie de pruebas y acondicionamientos que la intentaron preparar para su cita espacial. Así pues, a las 2:30 de la mañana de la hora local, el Sputnik II, tripulado con Laika, despegó con dirección al espacio exterior.
La nave contenía varios compartimentos. Ahí se alojaron transmisores de radio, un sistema de telemetría, una unidad programable, un sistema de control de regeneración y temperatura en cabina e instrumental científico. Por otra parte, dentro de una cabina sellada y separada del resto, viajaba la pequeña ‘Laika’.
La cabina presurizada de ‘Laika’ le permitía estar acostada o en pie y estaba acolchada. Un sistema regenerador de aire le proveía de oxígeno; la comida y el agua se encontraba en forma de gelatina.La perrita estaba sujeta con un arnés, junto con una bolsa que recogía los excrementos, y unos electrodos monitorizaban sus señales vitales.
El primer informe que se tuvo de la primera pasajera espacial fue que estaba agitada pero que estaba comiendo. Los reportes de esa época sostuvieron que Laika habría fallecido días después del despegue pero alrededor del año 2002, estas versiones se desmintieron y se confirmó que ‘Laika’ falleció pocas horas después de despegar debido al sobrecalentamiento y al estrés.
La mirada desde el retrovisor
La travesía de Laika fue uno de los precedentes más importantes de los eventuales viajes al espacio. La trágica visita de ‘Laika’ al espacio le dio suficiente información a los científicos soviéticos para poner, pocos meses después, a un hombre en órbita y lograr regresarlo a la tierra con vida.
La controversia por la experimentación en animales ha ganado terreno en los últimos años. Pero, en aquel entonces, no era un tema muy considerado en la agenda mundial. Y es que, a pesar de que se sabía que el viaje, de ‘Laika’ no tendría retorno, no existió oposición por la decisión de mandarla al espacio.
Quizás hoy en día hubiera existido mayor renuencia pero al final, los humanos siempre terminan por sacrificar otros seres en su camino hacia el desarrollo. Es una dura y triste realidad, especialmente para aquellos animales que han existido en la modernidad.
Sin embargo, por el lado más amable, es gracias a este tipo de avances por los que se han podido evitar nuevamente este tipo de tragedias. Pues tres años después, las perritas Belka y Strelka regresaron con vida tras pasar un día en el espacio dentro del Sputnik V.
El viaje de ‘Laika’ también representa, en mi opinión, un símbolo de un nuevo comienzo. Y es que, a pesar de su trágico final, el primer vistazo al más allá tiene sus raíces en esta fecha, cuando la pequeña ‘Laika’ tripuló el primer viaje a las estrellas. Esta cachorrita sentó las bases para todos aquellos que fueron y los que aún irán a cumplir con los sueños de quienes nos antecedieron al alcanzar las estrellas.
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