Congreso, una casa lejana al pueblo - Candil de la Calle - Opinion
Congreso, una casa lejana al pueblo
Por Autor Conocido

Congreso, una casa lejana al pueblo 

Desde hace unos 20 años, muchas de las iniciativas aprobadas en Tamaulipas y encargadas de regular temas que ya no son propiamente del ámbito federal, se consolidaron más por la aprobación de quien está como jefe político estatal, en este caso el gobernador o el partido oficial, en lugar de una propuesta de un diputado local, en teoría, representantes de los habitantes. 

Así sucedió cuando el Partido Revolucionario Institucional era amo y señor de todo el estado. Todo era bajo consenso y aval del mandatario en turno, sea Tomás Yarrington, Eugenio Hernández o Egidio Torre. Nada era a través de una investigación de un integrante de su bancada en afán de mejorar el entorno social de la comunidad. Aprobaron aumentos al agua, al transporte público y a una renovación casi anual de placas. Golpes al bolsillo. 

Cuando se vendió la idea que los Vientos de Cambio era la gran solución a ese hartazgo causado por los tricolores, la tónica fue igual. Vimos primero una agenda muy floja, a modo de lo que dictaba Francisco García Cabeza de Vaca desde su oficina en tercer piso de Palacio de Gobierno. Bajo ese autoritarismo su bancada, amplia mayoría, simplemente obedeció, incluso cuando lo protegieron ante la «persecución política» de la 4T. 

Ahora que llegó Morena, con esa «hambre y sed de justicia», implementa lo que sea con tal de hacer sufrir al Cabecismo, sus simpatizantes y lo que aún sobrevive del panismo auténtico en Tamaulipas.

Así fue desde el primer día que esa mayoría pisó el Pleno y al mandatario, con su aura de arrogancia, se lo hicieron sentir en su cara. Por algo ya no volvió ni por tener el arropo de los suyos. 

De la ofensa a la victimización

Lo de ayer, mientras la panista Imelda Sanmiguel quiso evitar la revertida de los vetos enviados por el Ejecutivo, altaneramente le dijo en su cara a Armando Zertuche, presidente de la Junta de Coordinación Política, «puede parar la sesión cuando se le dé la gana». Otra actitud arrogante a la cual se le unió el morenista al amagar con quitarla de sus funciones. Violencia política combinada con victimización. 

Al final, la mejor declaración la dio el emecista Gustavo Cárdenas. «No se puede tener embajadores del gobierno estatal y federal», muy certero si cuando en la entrada del recinto dice «La casa del Pueblo». 

Pues ni Morena ni PAN, por mucho que vengan a reclamar este escrito, han representado a los tamaulipecos con dignidad; solo a sus jefes políticos, cosa nada nueva, por cierto. 

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