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Por Autor Conocido

El «robo» en Tamaulipas a las Escuelas de Tiempo Completo 

Muchos diputados locales y representantes de partidos políticos en Tamaulipas salieron a levantar la voz cuando desde la Cámara de Diputados se decidió quitar más de 9 mil millones de presupuesto a las Escuelas de Tiempo Completo; un plan donde los alumnos se mantenían por larga duración en los planteles educativos. 

Desde la bancada del Partido Acción Nacional como el Revolucionario Institucional, atizaron a base de declaraciones y cualquier vitrina su rechazo a la medida de su contraparte de Morena y los aliados.

Defendieron a capa y espada el programa que, desde su aplicación a la fecha, desconocemos cuáles son los resultados tangibles en el avance educativo. 

Pero mientras se les dedica notas en medios impresos y digitales, tiempo en televisión, radio y redes sociales, cuando se comienza a ver el contexto del beneficio o impacto del referido asunto en el estado y qué tan provechoso salió para maestros y alumnos, resulta que muchas cuentas no salen tan bien como legalmente tendrían que establecerse. 

Primero, en una recolección de datos de la Auditoría Superior de la Federación, documentos públicos y consultables para quienes tengan dudas, la Secretaría de Educación estatal en la administración de Egidio Torre Cantú y Francisco García Cabeza de Vaca presentaron entre 2013 y 2020 inconsistencias por 376.6 millones de pesos. 

Desglose de los dictámenes 

Durante el 2014, en el sexenio priísta, no se gastaron 179 millones de pesos; un año antes, 2013, había un faltante de $126 millones. Otros 33 millones de pesos no estaban aplicados en el 2018, ya con el panismo en el poder. Qué decir del 2017 cuando los planteles de nivel básico no vieron reflejados 27.9 millones de pesos. 

En el último año revisado por la instancia federal, la secretaría a cargo de Mario Gómez Monroy le «pellizcó» 2.2 millones de pesos para gastos sin sentido ni relevancia en su objetivo, de acuerdo al dictamen.

Sin determinar los motivos, se aplicó en toner para impresora y vales de gasolina; año cuando la pandemia del covid-19 cerró la actividad en los planteles. 

Cuando escuchamos esas quejas y uno revisa estos datos resumidos en «daños a la hacienda pública federal», es cuando pierde sentido y fuerza. Lo mejor sería primero anunciar dónde quedó ese dinero, quién decidió no gastarlo y por qué razón. 

Simplemente es por un tema de congruencia. 

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