Tras encontrar esto, sonreí y entendí que no todas las culturas tenemos las palabras exactas y pues, a falta de palabras, miradas.Tras encontrar esto, sonreí y entendí que no todas las culturas tenemos las palabras exactas y pues, a falta de palabras, miradas.
Por Miguel Castillo V

A falta de palabras, miradas

Hace pocos días, volví a abrir el librero. Entre varios libros ensimismados, miré uno que estaba completamente desnudo: no tenía tapa y sus primeras páginas parecían dañadas. Cuando lo sostuve, solté una sonrisa al recordar el gran título que tenía enfrente: La Sombra del Viento de Carlos Ruiz Zafón. Eran años los que ya habían pasado desde que lo leí por primera vez y decidí entonces abrirlo de nuevo y recordar un poco esa gran historia.

No paso mucho cuando la inolvidable prosa del autor comenzó a hacerme reflexionar y a penas pasadas un par de paginas, me detuve para realizar una nueva adición a mis subrayados. Luego de un momento emotivo entre Daniel y su padre, el narrador remató con quizás una de las frases más logradas que le puedo recordar. Esta dice lo siguiente:

«Nos miramos en la penumbra, buscando palabras que no existían. Aquella fue la primera vez que me di cuenta de que mi padre envejecía y que sus ojos, ojos de niebla y de pérdida, siempre miraban atrás«

Si tan solo leyéndolo de esta forma produce una fuerte emoción, dentro de la historia es un magnifico toque al inicio de una maravillosa novela. Poco después de marcarlo, me quede pensando en la primera parte ¿qué tan a menudo estamos buscando decir cosas y no podemos expresarnos bien? ¿Será cierto que a veces nos encontramos buscando expresiones o palabras inexistentes para entender algo?

Sin duda es un punto de reflexión muy amplio y que, considero, cada uno debe hacerse. Justo porque, justo como continúa diciendo el autor, hay otras formas en las cuales podemos entender a las personas. Así es como Ruiz Zafón complementa su divina anotación con un fuerte pero preciso señalamiento sobre la relación del protagonista con su padre.

Creo que uno de los momentos más duros que puede enfrentar un ser humano es presenciar la decadencia de aquellos que nos criaron, aquellos que nos cuidaron de pequeños. Es un duelo prolongado y que puede cambiarnos de forma irreversible, por ello notar rasgos de vejez es sin duda un momento difícil para cualquiera. La reflexión que hace el autor, que resalta la primera ocasión de la presencia de la vejez en una figura paterna, se complementa con una apreciación tan filosófica como real.

Y es que, aunque muchas veces no lo pensamos de esa forma, nos es más fácil darle a algunas palabras un significado extra. Esto va con lo que dice Ruiz Zafón de ‘ojos de niebla’, que enseguida completa con pérdida y que aún sin este segundo, entenderíamos que se trata de algo perdido, algo sin mucha claridad.

Para el marcatextos

Al pensar aún por más tiempo este pequeño fragmento, caí en cuenta de una situación particular. Tanto Ruiz Zafón como yo somos hispanohablantes, es decir, referimos al español para expresarnos y decir lo que queremos decir. Tocando nuevamente el tema de palabras que no existían, recordé alguna vez haber visto una lista con palabras que no tenían una traducción directa al español.

Navegué un poco por la web y encontré algunas de estas que no solo me confirmaron lo que decía el autor, sino que me hicieron pensar en cuantas veces alguien busco una palabra para precisar su sentir.

Ahí me apareció una concepción rusa nombrada ‘Toska’ que refiere a una interesante sensación de angustia. Pero no se puede definir como tal porque tiene ‘algo’ que no se traduce, algo que solo en su idioma original puede ser comprendido. Fue entonces que me encontré, curiosamente, una palabra que podría haber ayudado a Ruiz Zafón en la cita que mencioné anteriormente.

Esta palabra es del Yagán, una lengua indígena de la Tierra de Fuego en Argentina. Esta quiere decir «mirada cargada de significado que comparten dos personas que desean iniciar algo, pero que son reacias a dar el primer paso para comenzar”.

Tras encontrar esto, sonreí y entendí que no todas las culturas tenemos las palabras exactas para expresar nuestro sentir libremente. Pero a pesar de esto, nuestros cuerpos son capaces de hablar también. Y pues a falta de palabras, existen las miradas.

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