Por Autor Conocido
Los políticos viejos desprecian a los jóvenes
La Cámara de Diputados aprobó el martes una iniciativa de reforma al Artículo 55 de la Constitución y bajar la edad límite para que un ciudadano en este país, mujer u hombre aspire o llegue a un cargo público o designarlo funcionario de primer nivel, como secretario, en cualquier estado y tras cumplir los 18 años de edad.
La propuesta le abre opciones a un sector de la población apenas con su primera credencial de elector, viable para tener su licencia de manejo, comprar bebidas embriagantes o cigarros, trabajar y hasta inscribirse como persona física ante el Servicio de Administración Tributaria, en ser parte activa y directa de esta actividad complicada como es la política.
Esta idea se avaló por todos los partidos políticos, sea Morena, PAN, PRI, PRD, PT, Verde y Movimiento Ciudadano. Hubo solo una abstención, pero el mensaje enviado por el Congreso de la Unión hacia los organismos que ellos representan es un llamado hecho desde hace muchos años: la renovación de sus cuadros y la apertura a figuras nuevas.
En un país cuyo promedio de edad dentro del ámbito se encuentra arriba de los 35 años, nos encontramos con caras muy conocidas, quemadas, recicladas, sin el arrastre con la población y mucho menos con trascendencia ante la sociedad civil en general.
Quejas válidas, pero absurdas
Cuando la noticia apareció en las redes sociales, los principales reclamos llegaron de exservidores públicos muy avejentados. El cuestionamiento fue muy sencillo: «resulta que cualquier chamaquito inexperto, imberbe, sin conocimiento de este medio, puede ser secretario de estado o diputado federal. Qué tontería».
En esa forma tan agresiva e intolerante surgieron las expresiones, con un terrible menosprecio hacia la juventud mexicana, simplemente por darle el mismo derecho. Preocupa la actitud, pero habla de la incomodidad de verse amenazados por las ideas nuevas que los terminen supliendo, haciendo a un lado o marginarlos de su principal negocio, vivir o beneficiarse a costa del erario.
Los partidos tienen una gran opción de eliminar esos pensamientos vetustos con un terrible impacto en la sociedad mexicana. Esto obliga a preparar a sus muchachos lo mejor posible, tanto en la ideología como en lo profesional. La renovación está en sus manos.
Y, por último, esos chicos no pueden pedir otra cosa, hoy ya están en la inmejorable posición de proponer y ejecutar verdaderos proyectos de cambio. Solo ellos pueden demostrarles a los viejos que el servicio público no está peleado con la edad.

