Los títulos ´pueden ser el criterio de decisión sobre una lectura, y en mi opinión, pocos son como En Busca del Tiempo Perdido de Proust.Los títulos ´pueden ser el criterio de decisión sobre una lectura, y en mi opinión, pocos son como En Busca del Tiempo Perdido de Proust.
Por Miguel Castillo V

En Busca del Tiempo Perdido

A diferencia de otras semanas, hoy quiero platicar un tema bastante interesante que muchos lectores suelen callar o simplemente no platican mucho de ello: el momento de elegir los títulos que leerán. Habrá algunos que aseguren que siempre se basan en algunas cuestiones más profundas como haber investigado la lectura, el estilo de narrativa o la forma de escribir del autor. Pero la realidad es que, con un libro cerrado con plástico en una librería cualquiera, rara vez uno suele pensar de más y los libros se deciden por temas más arbitrarios: la portada, los dibujos o imágenes que evoquen, el autor o algo aún más interesante, los títulos.

En la búsqueda de ese gran título

Cuando era pequeño, y aún en ocasiones actualmente, me gusta visitar una biblioteca cualquiera y encontrar el libro que más me guste basado en el título que contenga. Es un ejercicio que me ha llevado tanto experiencias gratas como no tan gratas, pero del cual sin duda siempre termino aprendiendo algo nuevo. Una de las que más recuerdo, es cuando, a mis pequeños 8 años, me tope con un título que me encantó desde la primera vez que lo leí: En Busca del Tiempo Perdido de Marcel Proust.

De ser sincero, no dude mucho cuando tome el libro y lo lleve a la caja para comprarlo. Pero durante la tediosa lectura que me esperaba, siendo un pequeño niño, batallé mucho y debo confesar que hubo periodos en donde lo abandoné por completo. Sin embargo, aún con esta batalla, logré encontrar algunas frases dignas de mis subrayados. He aquí algunas de ellas:

«La miré primero con esa mirada que es algo más que el verbo de los ojos.»

«Por fin, para poder hacer algo dejé de pensar en lo que iba a hacer».

«En los tiempos de los verbo, daba el imperfecto y al perfecto la dulzura que hay en lo bondadoso y la melancolía que hay en la ternura»

Para el marcatextos

Más allá de la enorme complejidad que hay detrás de la lectura, de la cual quizás haga alguna columna más adelante, me gustaría recalcar la bella y mundana relevancia que hay detrás de titular una obra. Muy poca gente sabe lo complejo que es escribir una obra literaria y los que lo saben también conocen el titánico reto de poder colocar un título. Existe incluso la noción de que si uno titula su obra antes de terminarla, esta no se concluiría, claro que solo una vaga frase popular.

Pero la realidad es que colocar un buen título a una obra es quizás una tarea mucho más compleja y extraordinaria de la que uno pensaría. Y por esa razón, considero que siempre que uno encuentra uno de estos casos, debería darse el permiso de leer la obra tras estas palabras. Quizás sea buena, quizás sea mala pero cualquier autor capaz de atraer con algunas pocas palabras merece la pena de ser leído, aunque sea unas cuantas páginas.

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