Por Autor Conocido
¿Qué nos deja la tragedia de la iglesia de Ciudad Madero?
El domingo de descanso y de fiesta para muchos en la zona sur de Tamaulipas concluyó en una tragedia inimaginable. La nota se convirtió en roja cuando, después del mediodía, se consumó el siniestro más grande en la historia reciente de la región comprendida por Tampico, Ciudad Madero y Altamira, quizá, muy cerca del nivel del huracán Hilda de 1955.
Pero lo acontecido en la Iglesia de la Santa Cruz, un templo de más de 40 años edificado en la colonia Unidad Nacional, doloroso por los 11 fallecidos (entre ellos tres menores) y los 60 lesionados, algunos todavía de gravedad, todavía más dramático cuando el fin era encontrar a los hijos recién nacidos para ser bautizados de manera colectiva, no debe ser un capítulo cerrado.
Después de horas de caos, de incertidumbre, desesperación, frustración y digerir el asombro en este vértigo, salen muchas reflexiones que se plantean desde lo perjudicial pero también como una propuesta para mejorar. Su orden no es de lo primordial a lo ligero, pero sí se intenta enfatizar las «áreas de oportunidad», como ahora se les dicen a las fallas.
Esto fue lo que sucedió
Primero: nos urge un atlas de riesgo o censo del estado de espacios públicos y privados de mayor aglomeración. Pese a inundaciones, desprendimiento de marquesinas, incendios y demás, la propuesta hecha desde el 2010 jamás les interesó a las administraciones de Egidio Torre Cantú y Francisco García Cabeza de Vaca. Hasta con el PRI y PAN pasaban.
Segundo: seguimos siendo novatos cuando hay una crisis de este tipo. El desorden imperó desde la buena voluntad de mucha gente por ayudar. Se agradece, pero hay límites, eran necesario rescatistas, expertos en primeros auxilios y se contó con el ciudadano común que estorbó mucho y ayudó casi nada. Cabe también la cultura, estamos demasiados lejos sobre qué hacer ante catástrofes.
Tercero: ganas de colaborar en todos los sentidos para transitar en sitios seguros. Sin importar un templo religioso, un centro comercial, una oficina de gobierno, un estadio deportivo o hasta en la misma calle, aquello que encontremos deteriorado hay que señalarlo y la autoridad correspondiente atenderlo y remediarlo. A cualquiera nos puede pasar.
Y lo cuarto: ya solo en un ámbito periodístico, una cosa es querer informar para decirle a la gente las cosas que pasan y otra es hacerlo con el fin de ganarse un like o suscripciones a su propio portal. Hubo muchos que solo interrumpieron labores en ese afán y la cobertura de un caso tan extraordinario no es para cualquiera.
¿Aprenderemos de esto o debemos esperar otra tragedia?

