Por Autor Conocido
En Estados Unidos hay jueces corruptos
A la luz de la audiencia global, el nombre de Clarence Thomas no aparece tan mencionado en el ramo judicial, sin embargo, es y por mucho uno de los jueces más polarizantes y odiados en la comunidad de los Estados Unidos, pese a tener un puesto muy importante en la Suprema Corte del país vecino del Norte, el cual conserva desde 1991 cuando se lo asignó el entonces presidente George Bush.
De origen afroamericano, ha estado envuelto en la polémica desde las graves acusaciones en su contra por abuso sexual por una abogada de nombre Anita Hill, cuando el señalado fungía en un cargo dentro del Departamento de Educación de la Casa Blanca a principios de la década de los Ochenta. Cobijado por el Partido Republicano, logró salir “limpio”, al grado de llegar a su puesto actual de magistrado.
Respaldado por el ex mandatario de origen texano, a la fecha mantiene esa posición y se le considera el más conservador de todos los impartidores de justicia en la nación más libre y democrática del orbe, sin contar los diversos favores a varios personajes, entre ellos el candidato a la presidencia Donald Trump, cuyos amigos pasaron de puestos de gobierno a la mencionada corte.
Defender al corporativismo
Diversos reportajes hechos por El País y la BBC dan cuenta de esto como de otro caso más, por mucho mediático al surgir de la televisión y de una marca importante a nivel global. Esto puso de manifiesto la imagen de Kimba Wood, identificada como “muy amiga” de los dueños de Pepsi, el corporativo de refrescos y bebidas.
Todo surgió cuando “en tono de broma” lanzaron una promoción para consumidores y juntar 7 millones de puntos a cambio de un jet de combate. Jamás hubo letras chiquitas, el joven John Leonard lo logró, incluso demandó, pero la influencia de esta jueza marcó el rumbo definitivo de un tema documentado en una plataforma de streaming.
Estos y más sucesos etiquetan a una Corte que falla a favor del corporativismo y pega hasta en los derechos civiles y humanos de los afectados. Sucede con los estadounidenses, los mismos que ahora reclaman la reforma en México. ¿Se nos olvidaron los connacionales migrantes condenados a muerte por no ofrecerles una garantía de defensa o por el racismo de los magistrados para favorecer a nativo de su propia tierra?
Lo peor es lo acontecido históricamente al sur del río Bravo, plagado de tantas historias donde el hombre de la “cartera gorda” suele ganar las batallas o ampararse de los pleitos.

