Por Autor Conocido
El nepotismo y el relevo generacional
Son temas totalmente distintos técnicamente, pero con la aprobación en el Senado de la República este martes de la reforma a la ley político-electoral de México, la cual impide la reelección de ciudadanos o bien designar candidaturas a personas cuyos familiares ya ocuparon un cargo público de manera inmediata, una cosa da paso a otra.
Primero: la iniciativa mandada por la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo fue muy clara. Aquellos quienes tienen posiciones actuales en las legislaturas federales y estatales, así como en las alcaldías o con designación para una oficina en el servicio público, no podrá imponer a consanguíneos de cara a la siguiente votación.
Si bien la medida aplicará hasta el 2030, cuando concluya el periodo de la mandataria y se elige a su sucesor, habrá mucha revuelta de la buena como de la mala en los organismos políticos. Varios cuentan todavía con posiciones claves en la misma Cámara Alta, en el Congreso de la Unión y los parlamentos locales, pero al mismo tiempo existe una certeza, el tiempo se les acaba.
Y puesto ese reloj de arena, la propuesta va parejo. Se han dado casos dentro del partido oficial, Morena, pero de esto tampoco quedan excluidos el PAN y el PRI. Cuando el hermano no es legislador es diputado local (Ismael García Cabeza de Vaca), o la esposa es secretaria general mientras el marido cobra por ocupar una curul vía plurinominal (Rubén Moreira y Carolina Viggiano), más otros casos en entidades.
La renovación
El parar en seco el nepotismo abre y, es lo más interesante, la apertura a nuevas caras dentro de la baraja política, desde lo nacional hasta en cada comunidad. Cuando lleguemos a esos tiempos, sabremos y por mucho los aspirantes reales o propuestas, desligados de alguna parentela o una influencia familiar indirecta.
Para eso, los aspirantes ya deben comenzar a trabajar en territorio, conformar un grupo político, obtener apoyos de los experimentados, gestar una imagen propia, fresca, acorde a los nuevos lectores, conscientes y congruentes, más allá de la marca o afiliación a un partido o ideología.
Ese cambio generacional se asoma irremediablemente. Los aún vigentes están en poco tiempo de ceder el paso a los rostros contagiados de energía e ímpetu; ojo, no se va a tratar de un color quien encabece está renovación natural, ahora vendrán las figuras en lugar de los logos o esas franquicias ya consolidadas.
El nepotismo a un lado y las nuevas generaciones al frente. Así pinta el panorama rumbo al 2030.
Parece lejos, pero eso decíamos en el 2019 y miren dónde estamos hoy.

