Por Autor Conocido
Un conflictivo en Altamira llega a Tampico
En el cierre de administración de Armando Martínez, cuyo primer periodo como alcalde de Altamira concluyó en septiembre del 2024 (fue reelecto para un segundo periodo que concluye en 2027), salieron en redes sociales algunos detalles de servidores públicos con un proceder demasiado controvertido, cuya repercusión fue quedar apartados del siguiente gobierno municipal.
Ese caso lo protagonizó el regidor Antonio de Anda. Dentro de ese cuerpo edilicio hizo su lucha por tener algunos reflectores aprovechando el presidir una comisión referente a economía y empleo, mientras paralelamente se detectaron acciones que si bien ya no espantan, hacerlo de manera descarada fue lo cuestionable.
Hacia el final de su encomienda al integrar la planilla de Morena, se conocieron varias historias. Encontraron evidencia del uso de estupefacientes (cigarrillos de marihuana y bolsitas de cocaína) en vehículos oficiales, era notorio su comportamiento errático visto por compañeros de la Comuna, ex funcionarios y ciudadanos, argumentos suficientes para hacerlo a un lado, sin tanto ruido a fin de evitar el escándalo.
Paralelamente, en el plano personal arrastra problemas desde cometer un presunto desfalco a familiares, trascendiendo utilizar a su padre en estas supuestas irregularidades en su paso dentro del Ayuntamiento y temas más delicados, todo esto concretado en acusaciones. Entre estos y su afición por los “polvos mágicos”, al estilo Tinkerbell, dieron al traste ser casi desterrado de la urbe industrial.
Llega por una productora
Desde esta semana Toño de Anda camina por los pasillos de la Presidencia de Tampico. Bajo una empresa productora presume entrar él y dos jóvenes muy allegados al municipio, cuya misión es manejar la imagen institucional. Lo curioso, se supo, las vacantes tienen tareas muy específicas en la operación diaria que desconoce en su totalidad.
Pero “ya se presentó” y de forma muy particular, causando un fuerte problema. En el carnaval conurbado cuyo cierre fue en la laguna del Carpintero, quiso bajar a la mala un dron, sin siquiera consultar, indagar o por simple curiosidad, preguntar quién era su propietario. El aparato pertenecía al Gobierno de Tamaulipas, utilizado por la Secretaría de Turismo.
No conforme con eso, pese a los regaños del titular Benjamín Hernández Rodríguez, junto a sus compañeros respondió de forma grosera, hasta la llevó una mujer integrante de Protección Civil (por respeto, nos guardamos el improperio hacia la dama). Público, funcionarios y medios fueron testigos del bochornoso momento que logró calmar la alcaldesa Mónica Villarreal.
Vaya manera de tener su entrada Antonio de Anda en el gobierno porteño. Por cierto, va con el proteccionismo de la empresa “All In”, cuya propietaria es otro personaje polémico: Alejandra Hernández.

