Elección judicial
Por Autor Conocido

Elección judicial: una prueba con muchos errores 

Los detalles alrededor de la elección judicial en el ámbito estatal como en el federal, entre tendencias políticas o ideológicas hasta el desinterés ciudadano, dejan a dos semanas de acudir a las urnas y participar en un proceso inédito para la vida pública de México una lista de puntos negativos. 

Más allá de las influencias del gobierno, de sus opositores, de la iniciativa privada, de grupos sociales o algunos preferidos por la sociedad civil, el método provoca más reacciones de desconcierto, rechazo, una alta dosis de indiferencia, al grado de tener el desconocimiento sobre los nombres, a qué cargo aspira, cómo se podrán elegir y de qué manera validarán su sufragio. 

Para empezar, parte de ese desánimo proviene del árbitro electoral. Tanto el INE como el Ietam, de este último en el caso para territorio tamaulipeco, las restricciones hacia los medios masivos sobre dar a conocer los protagonistas, buscar limitarlos en reglas poco flexibles, prácticamente acorralados en un pequeño espacio y desde ahí hacer todo el ruido posible, nace toda la problemática.  

De ahí partimos al tema del recurso. Cada inscrito debe moverse con su propio bolsillo, eso sí, exageradamente fiscalizado pues desde el chicle comprado en una tienda de conveniencia o el gasto realizado para hospedarse en un hotel deben comprobarlo con su respectiva factura. Esto ha provocado que, de los 160 participantes en la entidad, solamente 80 sigan vigentes.  

Muchas limitantes  

Si nos vamos precisamente a la promoción, para las empresas de comunicación grandes y medianas, es toda una odisea evadir tantos candados. La indicación es muy tajante: no se puede hacer esto, aquello y el otro; peor aún, tampoco te explican cómo sí ayudarle al debido proceso de proselitismo y a sus participantes en que los conozca la ciudadanía. 

Para seguirle, cada interesado en acudir a las urnas el próximo 1 de junio recibirá 10 boletas, de las cuales seis corresponden al sistema de justicia federal y el resto son del estado. Ni siquiera en los espacios otorgados en televisión y radio al Instituto Nacional Electoral son aprovechados para explicar, con peras y manzanas, de qué manera pueden elegir a jueces y magistrados. 

En resumen: se lanzó el procedimiento como una especie de prueba y error, cuya intención es en el futuro mejorarlo. Por desgracia nos topamos con más errores que aciertos, con un resultado prácticamente visible para la jornada, muy probablemente con una muy pobre participación del electorado.  

Vendrá en el futuro otro proceso similar, en el 2027. ¿Qué tanto se mejorará?  

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