Informalidad
Por Autor Conocido

Ciudad Madero: ¿Aplaudimos la informalidad?  

De todo se habló durante la jornada vespertina del miércoles sobre lo acontecido cerca de la Plaza de los Pies Húmedos, un sitio donde convergen familias de diferentes clases sociales, desde jubilados y algunos trabajadores petroleros de alto nivel, clase media alta y media de Ciudad Madero. 

El acto fue bochornoso. Lo mismo tiene culpa la manera de actuar del pequeño grupo de comerciantes y de los elementos de la Guardia Estatal para garantizar el orden entre los quejosos. Golpes, empujones, agresiones, incluso el daño físico a un conductor de transporte público que ni vela en el entierro tenía, detenidos y un zafarrancho sacado de un evento de Lucha Libre profesional. 

Señalamientos de un lado y del otro. Los oferentes quisieron establecer su voluntad de ofrecer productos como ropa, artículos de pesca y otros más en una zona pública catalogada como área verde. Cualquier ciudadano puede utilizarlo, nadie es dueño ni aunque sea por unas horas de ese terreno. Eso sí, la causa es ganar un poco de dinero y llevarlo a casa. 

De eso dio fe el propio gobierno municipal. Les enfatizó que habían dialogado por las buenas pues de manera ilegal, es decir, alguien en alguna pasada administración les permitió ocupar esa pequeña extensión de tierra, sin validar permisos o retribuirlo en ingresos. Les indicó la manera de encontrar soluciones, por supuesto, después de la trifulca. 

Una competencia desleal 

Lo más curioso y controvertido, si nos vamos a fondo, es ver en las redes sociales un activismo a favor de hombres y mujeres afectados por impedirles trabajar como habitualmente lo hacían cada miércoles por la tarde. Su actividad es el comercio informal, criticada en el sector privado y por aquellos que pregonan el libre mercado y la competencia leal. 

Muy llamativo pues se defiende a gente que, a diferencia de un emprendedor, el dueño de una miscelánea, un repartidor de comida, un creador de platillos, postres, ropa exclusiva o artículos de belleza, entre tantos que con muchos esfuerzo están debidamente catalogados como micro, pequeña y mediana empresa, su práctica raya en el límite de la ley. 

“Es que nos venden artículos más baratos que en cualquier supermercado”, justificaba una persona. Tiene cierta lógica, pero ¿Qué garantía de calidad te da ese producto o el vendedor? Si en el primer uso no sirve, se rompe o tiene un desperfecto, ¿cómo te compensan? ¿Quién te defiende?  

Aclaración: no se justifica el actuar de los elementos de seguridad, pero jalando ese hilo nos encontramos con un terrible problema social y los números hablan. Poquito menos de la mitad de la población económicamente activa en Tamaulipas gana dinero pero no tiene prestaciones de ley, tampoco se las otorga a algún ayudante, no paga Impuesto sobre la Nómina, Impuesto sobre la Renta, muchísimo menos el Impuesto al Valor Agregado.. ¿Y nos ofrecen productos piratas? 

Estos rodanteros son un caso más.. Vaya contraste. 

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