CTM
Por Autor Conocido

La falsa creencia de los obreros sobre la CTM 

El sindicalismo en México conserva varios rasgos del siglo pasado. En la cultura propia de cada organización de trabajadores en diferentes áreas del sector productivo regional y nacional, persiste una cultura muy difícil de erradicar o modificar, desde la mano alzada, la voluntad de los integrantes al modo del dirigente de sección, algunas prebendas otorgadas a los líderes o, como parte del protocolo, las porras en sus asambleas, manifestaciones o marchas. 

Estamos en el 2025, en una época donde la equidad de género, la tolerancia a minorías como la comunidad gay, la sensibilidad hacia sectores vulnerables y la insistencia a combatir el clasismo, el racismo y cualquier acción de odio hacia quién piensa, viste o es distinto por el color de piel, creencia religiosa o estatus social, la base obrera mantiene bien tatuado su reverencia a los directivos o el “Chiquitibum”. 

Y mientras algunos integrantes siguen preguntándose cuántas porras son necesarias para tener un trabajo con prestaciones de ley y llevar dinero para la comida de su familia, se está gestando a partir de la Cuarta Transformación sacudidas ligeras, pero para nada irrelevantes, mediante cambios a la Ley Federal del Trabajo que implica, en todos, la elección de una secretaría general a través del voto popular y la decisión abierta.  

Así sucedió en los considerados gremios más fuertes que tiene la nación, el magisterio y el petrolero, como en una proporción menor trabajadores de ayuntamientos, albañiles, soldadores, personal de las industrias maquiladoras y demás agrupaciones de la fuerza laboral, sin olvidar la burocracia. Se sometieron a este procedimiento, con nuevas caras por un lado y la continuidad en otros. 

Raíces aún arraigadas 

El tema dura en torno a la realidad de la Confederación de Trabajadores Mexicanos, conocida como la CTM. Varios hilos conductores con el PRI (o lo poco que le queda) es una mancha sin quitarse, sin embargo, su verdadero lastre fue el olvido de su principal capital, el humano, la mujer o el hombre dedicado a su oficio o profesión, maltratado por la indiferencia del dirigente y la desmedida exigencia del patrón. 

A partir de la ola AMLO se abrieron nuevas asociaciones dedicadas a proteger los derechos laborales, entre ellos la Confederación Autónoma de Trabajadores y Empleados Mexicanos, la Catem. Ayer en Tampico dieron un paso sólido: convencieron al Sindicato de Transporte Terrestre en Tampico, conformado por más de 300 elementos, de sumarse a su estructura. Por unanimidad se aprobó. 

Y el asunto planteado por Jesús Martínez Olivo fue muy claro. En la CTM las cosas se arreglaban únicamente para los altos mandos, ningún beneficio como fue el pelear por salarios mínimos competitivos, fue gestionado. Por ello el cambio de rumbo y unirse a la contraparte encabezada en Tamaulipas por Hugo Torteya Chymely. 

Al menos en eso hay algo diferente en el sindicalismo para nuestros tiempos.  

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